¿Cuánto queremos la naturaleza?

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El presente artículo fue publicado por Vincent Dumortier en el diario peruano El Montonero el 10 de febrero de 2015

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“La vida está definida en base a relaciones (…). Pero existe una de la cual todas dependen: nuestra relación con la naturaleza.”

Bueno, bueno, bueno, amigos de Pon de tu parte. Sé que cuando escribieron esas líneas lacrimógenas esperaban generar una reacción emotiva, pero voy a responderles de manera muy racional. Déjenme decirles precisamente cual es nuestra relación con la naturaleza: la máxima distancia posible. ¡La huimos! …

Sé que, desde la comodidad de su sala de estar, pensarán ¿qué nos estará inventando de nuevo? Bueno, les reto vivir por 21 días, o digamos una semana, en la naturaleza, sin apoyo externo, comida acondicionada, agua potable, ropas cómodas, cama, y todas estas cositas superfluas que odian por producir más o menos directamente CO2. ¡Y eso!

Me pregunto si tan grande debe ser el desafío. ¿Qué les parece vivir unos meses en un pueblito alejado de la sierra, sin luz constante, sin agua potable, con medios de comunicación defectuosos, escuela a tres horas a pie de su casa, ni una posta de salud, etc? Porque todo esto, al final, emite CO2.

La verdad es que desde hace más o menos 5000 años, cuando la humanidad decidió sedentarizarse, no persiguió otro fin que alejarse de la naturaleza. Porque en verdad no nos gusta la naturaleza, la verdadera naturaleza. Y a la naturaleza no le importamos, no quiere nuestro bien o nuestro mal. De hecho, rompiendo este esquema sincretista, ¡la naturaleza no quiere nada! Es solamente la capa externa de un “gran electrón”.

¿Y saben qué? Pretendo que ¡este distanciamiento entre la humanidad y la naturaleza nos fue muy ventajoso! ¿Qué piensan que es la medicina moderna? Sino nuestro máximo rechazo de la fatalidad natural, que quiere que tengamos esperanza de vida corta. ¡Y funcionó! Que se sepa, en la historia, a pesar de afirmaciones falaces, nunca tuvimos -de manera global- una tan alta esperanza de vida y una mejor salud que hoy en día.

¿Qué es la agricultura? Sino nuestra estrategia como especie para romper con la naturaleza y nuestro estatuto de cazador/presa. Y una vez más funcionó. Y gracias a la mecanización, el uso de fertilizante y pesticidas y dentro de poco -eso espero- el uso de OGM (tantas cosas que las sandías odian). Nunca en la historia tuvimos tan abundante acceso a una alimentación saludable.

¿Para qué nos sirven las casas? Para aislarnos del mundo externo (frio, calor, lluvia, predadores, etc.) y acceder a una comodidad que la naturaleza no nos provee. ¿Qué son los autos, pistas, buses, aviones? Son la manera que desarrollamos para no seguir amarrados a nuestra chacrita, para tener acceso y contactos – o sea relaciones - con más gente, más prosperidad, etc.

Y cuando queremos naturaleza cerca de nosotros ¿qué piensan que hacemos? A lo mejor salimos de paseo unos días (con suma equipamiento y preparación) o dibujamos parques bien organizados, agradables, sin las plagas naturales que nos atormentaron durante milenios (desde los mosquitos hasta las serpientes y otros predadores).

La verdad es que nuestra relación con la naturaleza debería, o mejor dicho, es exclusivamente un vínculo sanitario. Es decir ¿qué y cómo captamos y botamos en nuestro ambiente? y la pregunta que nos queda es saber ¿qué y cómo nos afecta o no? Entonces, hablando de Perú, muy lejos de las falacias climáticas, la prioridad es, sin la menor duda, nuestra gestión de aguas servidas y residuos sólidos, porque yo (¿seré el único?) no quiero vivir en un basural o en un desagüe, pero tampoco quiero tener que sobrevivir en la selva.