Un día sin el aceite de palma

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Por Jorge David Chapas | Agosto 31, 2016


Hace algunos días tuve la oportunidad de conocer las plantaciones de palma de aceite en el norte del país. El traslado fue vía aérea lo cual me permitió confirmar una vez más la grave contaminación de ríos y lagos de aquella región, la deforestación y degradación acelerada de los bosques y de lo imponente y complejo del sistema climático.

Todavía desde lo alto observé, efectivamente, grandes extensiones de palma. Pero también promontorios (sukchés) de roca, propios del tierras calizas, poblados aún de bosque natural. La palma se esparcía ampliamente solo en áreas planas.

La primera pregunta a mis anfitriones fue ¿qué uso tenían aquellas tierras antes de ser utilizadas para el cultivo de palma? Eran fincas de uso ganadero y agrícola, principalmente de subsistencia. Lo cual me lanzaba la primer conclusión: en aquellas tierras hubo una reconversión de escasa cobertura vegetal a vasta cobertura vegetal, lo cual incide directamente en mayor fertilidad de suelos, fauna y otros valores ecosistémicos importantes (activación del ciclo de gases de efecto invernadero).

Observé atentamente el sistema de producción agrícola y advertí con asombro la tecnología empleada desde la siembra hasta la cosecha del fruto. Me pareció interesante, por ejemplo, el hecho de sí existir sotobosque por debajo de la palma y de que aquellos ingenieros agrícolas desarrollen investigación en temas de control biológico (insectos) que eventualmente pueden contribuir al manejo integrado de plagas y enfermedades en la palma.

Luego conocimos el proceso de beneficiado o extracción de los aceites. Un proceso por demás interesante por cuanto equipo sofisticado, proceso industrial debidamente calculado, cantidad y especialidad de operadores, y cuidado de las condiciones de trabajo y recursos. El agua, por ejemplo, utilizada en el proceso de beneficio es devuelta a las plantaciones de palma luego de superar un tratamiento de reciclaje. El agua por cierto no es extraída de ningún río o lago, sino de pozos propios, los cuales el equipo técnico monitorea mediante mapas freáticos.

Todo lo que no se emplea del fruto se recicla, convirtiéndose en abono. Siempre es bueno recordar que el reciclaje es razonable siempre y cuando el costo de aquel proceso es menor en relación al costo de la alternativa de no hacerlo. Es también razonable siempre y cuando sea voluntario. Lo interesante de este caso es que todo el abono orgánico producido se reincorpora al cultivo y a los suelos, como complemento de fertilizantes químicos.

Lo más interesante de la visita fue conocer la gran variedad de artículos que consumimos diariamente y que, sin aquel proceso, hoy tan vilipendiado por organizaciones ecologistas irracionales y anti-capitalistas, simplemente no tuviéramos. Por ejemplo, el pan y pasteles, la crema de avellana, margarinas, cosméticos, pinturas, jabones y detergentes, velas, galletas y naturalmente, como aceite para frituras.

¡A que no vives un día sin el aceite de palma!

Lamentablemente el sector productivo de la palma de aceite enfrenta hoy en día un embate agresivo por parte de terroristas y ecologistas irracionales y anti-capitalistas. Las invasiones y los secuestros ocurridos hace algunos días en las verapaces e Izabal deben detenerse. Y sin tinte ideológico resarcir a las primeras víctimas: los propietarios, empresarios, accionistas y sus cientos de colaboradores, quienes hoy viven con temor a quedar sin empleo o muertos en el intento de conservarlo.

Mientras llega alguna solución razonable al problema de la justicia y la seguridad de las personas y sus bienes, tú destruye todo paradigma sobre esta actividad productiva y asómbrate del poder creativo y emprendedor que inspira aquella simple pepita.




Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute. Su opinión se publica en Republica.gt, Rana, Diario AltaVoz (Perú) y Notiminuto (Venezuela).