TraficoGT (I)

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Por Jorge David Chapas | Agosto 12, 2015


Ninguno de los alcaldes de turno, partidos políticos ni candidatos a las alcaldías municipales ha sabido, a mi criterio, identificar el problema de fondo que tienen las ciudades y centros urbanos. El desorden en estas jurisdicciones es generalizado: financiero, ambiental, de ordenamiento, transporte, ornato, etc. En principio es por el hecho de que, el municipio es el fiel reflejo del gobierno nacional. Si los municipios fuesen administrados bajo una visión macro de gobierno (municipal) limitado, muy probablemente otra fuese la realidad. Los municipios, en cambio, se rigen bajo la misma lógica de pequeños estados mercantilistas y benefactores, donde se privilegia a unos a costa de otros mediante tasas o arbitrios, subsidios y programas sociales clientelares. Son pequeños recintos donde pervive una lógica redistributiva y caudillista que contribuye solamente a perpetuar la pobreza y la falta de oportunidades.


El problema del tráfico es uno que afecta a millones de guatemaltecos, y no me refiero exclusivamente a los vecinos del departamento de Guatemala. Ciudades y centro urbanos como Quetzaltenango, el Puerto de San José, Huehuetenango y Cobán son centros urbanos que padecen diariamente sus efectos, principalmente económicos y en la salud. En la Ciudad de Guatemala, el hashtag #Traficogt es tema-tendencia siempre y a toda hora; el paso por Cuatro Caminos o Chimaltenango, por ejemplo, es un costo enorme en tiempo, calidad y precio de los productos. En la salud, muchas de las enfermedades respiratorias, gastrointestinales y nerviosas que padecen los habitantes de las ciudades encuentran su causa en el diario trajín del trabajo y la movilidad.


Este problema es el resultado de la centralización del comercio y esta a su vez derivada de las innumerables trabas legales y permisos que deben superar los emprendedores. Por esa razón muchas empresas de servicios y logística, clientes y proveedores se localizan en los centros urbanos debido a las facilidades de infraestructura (estabilidad y precio de la energía eléctrica) y servicios (mano de obra calificada). Deriva también de la educación regulada (escuelas públicas) y menos-regulada (colegios privados) que no sólo exige métodos, contenidos y estándares poco útiles sino que obliga la movilidad de millones de niños desde muy tempranas horas. De la salud pública que en lugar de prevenir y sanar, mata y corrompe, del empleo regulado, que obliga la informalidad, de los servicios públicos caros, inaccesibles y de pésima calidad y de, principalmente, la ausencia de justicia en los tribunales y seguridad en las calles y avenidas. En fin, deriva del enorme tamaño del gobierno y de las funciones que deja de hacer o hace muy mal por hacer otras que no le corresponden.


El problema del tráfico no se corrige eficazmente con transmetros, ni ciclovías o carriles reversibles. Se corrige, en principio, liberalizando la economía y ello implica derogar miles de leyes que representan permisos y burocracia; en Nueva Zelanda, por ejemplo, se establece una empresa en 0.5 días, mientras que en Guatemala en 18.5 (Doing Business, 2015). Esto implica densa movilidad hacia los centros urbanos, entre burócratas, intermediarios y empresarios, todos los días. De eliminar permisos e impuestos (tasas o arbitrios) muchos de estos trámites no tendrían lugar…dejarían de existir y no habría necesidad de venir a la gran ciudad a entregar cientos de papeles y fotocopias que nada abonan a la productividad.


La mala calidad de las carreteras es otro factor al cual obedece la ineficiente movilidad en las ciudades y centros urbanos. Eso del “bacheo” no existe en las culturas que se rigen por el valor de la excelencia…aquí es la respuesta a la mala calidad con la que se diseñan las obras desde un inicio. Las arterias principales están bacheadas y dificultan la movilidad del tránsito a una velocidad constante. Además de ser el marco perfecto para la corrupción a través de la sobrevaloración, las calles y avenidas nos cuestan el triple: con nuestros impuestos primero, en el combustible por el sobreconsumo y cada vez que pagamos en los talleres los desperfectos de nuestros vehículos.


La tecnología y el emprendimiento guiado por el ético incentivo del lucro ha sabido ofrecer soluciones inteligentes. Hoy en día muchos guatemaltecos se apoyan en aplicaciones de telefonía celular que les permiten decidir horarios y rutas de movilidad. Se construye también la primer carretera privada, la cual será administrada totalmente por emprendedores que, mediante un sistema de precios, sabrán prever y evitar cualquier obstáculo (desde un simple hoyo o deslizamiento hasta un complejo bloqueo de carreteras por grupos de interés, muy a la orden del día actualmente).


Pero muy poco se puede hacer en lo pequeño si el ámbito nacional no sufre cambios radicales en su funcionamiento. Esto, por ahora, está muy lejos de suceder…al menos mientras los guatemaltecos permanezcan seducidos en exceso por el circo que ofrece la clase política actual y las encuestas. Continuaré.



Jorge David Chapas es empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.