Quemando el diablo

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Por Jorge David Chapas | Diciembre 9, 2015


Hace dos días celebramos en Guatemala la tradicional quema del diablo. Con mi familia disfrutamos de los cuetes y del diablito prendido a toda llama, sin pena ni culpa de contribuir al 0.1% de las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) que aporta nuestro país al planeta.

De hecho, según el Banco Mundial, es “menos del 0.1%” pero el dato real es aún menor: si consideramos el valor que cita el documento oficial del Gobierno “Contribución Prevista y Determinada a Nivel Nacional”, Guatemala emite 31.45 millones de toneladas de CO2 (año base 2005), ello equivale a 0.03 Gigatoneladas al año; si ese valor lo relacionamos porcentualmente al valor total más aceptado de emisiones generadas por el ser humano (35 Gigatoneladas), deducimos que Guatemala contribuye con el 0.08% de las emisiones totales de CO2 a la atmósfera. De aquella participación, al menos la mitad que es absorbida por los bosques. ¡Sí, el valor final es ínfimo y hasta caricaturesco!

No obstante, los burócratas guatemaltecos andan en Paris, en delegación de 45, paseando con tus impuestos, y de paso, firmando un acuerdo “vinculante”—o sea, obligatorio, que reduzca en 11.2% aquel valor (propuesta NO condicionada) y hasta el 22.6% (propuesta condicionada…a recursos públicos […] nuevos o adicionales), las emisiones de CO2 a la atmósfera al 2030…¿qué te parece?

Pero el problema realmente, debo aclarar, no es cuánto CO2 emite Guatemala. El problema es la premisa sobre la cual se sustenta el interés de reducir las emisiones: el CO2 determina la temperatura del planeta. Científicos independientes han encontrado que la temperatura global no está determinada por los niveles de CO2; han identificado más bien que ocurre todo lo contario: es la temperatura la que determina los cambios en las concentraciones de CO2 en la atmósfera, muy probablemente por efecto directo del sol. Eso no quiere decir que el subsistema humano no afecte las concentraciones de este gas en la atmósfera, sino únicamente que el CO2 no juega un papel preponderante en el sistema climático mundial. Te comparto este sitio para que renuncies a la demonización del CO2, a propósito de quemar al diablo, y conozcas los beneficios de este gas para la vida humana y del planeta.

El 7 de diciembre también ocurría algo insólito: ¡por primera vez en la COP los científicos escépticos (no negacionistas) estaban presentes! Observé atentamente la conferencia de prensa y el foro, el que titularon “Día de examinar datos”. Estaban ahí científicos de la talla de Fred Singer Ph.D, quien con sus 92 años expuso con claridad su posición científica, Jim Taylor, Robert Carter PhD., y Willie Soon Ph.D; políticos del nivel de Lord Christopher Monckton y del senador republicano James Inhofe, y ambientalistas emblemáticos como Patrick Moore, fundador de Greenpeace, ahora escéptico del alarmismo climático.

La presencia de aquellos hombres en Paris incomodó a muchos. Posters de sus rostros con mensajes de “Se busca” o “Criminales del clima” aparecieron cerca del Hotel California, lugar donde se hospedaban; en la conferencia de prensa los activistas no les dejaban hablar e interrumpían de manera irrespetuosa los momentos de respuesta. A pesar del excelente esfuerzo realizado por los realistas-climáticos es muy probable que el acuerdo vinculante sea firmado; los medios internacionales analizan la relación de fuerzas y advierten que es el Congreso estadounidense quien en última instancia fije una posición a Barack Obama y esta podría estar en función del peso que tengan los republicanos y las implicaciones económicas que deriven del Plan de Energía Limpia y un eventual impuesto al carbono. Sobre esto último, Australia ya demostró que no funciona, al derogarlo dos años después de haberlo declarado en ley.

Quemar el diablo quizás signifique esta semana algo más que una tradición. Ojalá signifique renunciar al protocolo vinculante, el cual muy probablemente implicará un impuesto al carbono. Esto sería gravísimo para la economía nacional, además del colateral aumento del gasto gubernamental y la corrupción que viene aparejada. Esto significará que muchos negocios y emprendimientos nunca lleguen a existir y que muchas fábricas y empresas actuales quiebren, recrudeciendo las condiciones de pobreza y miseria, de marginalidad e inseguridad que vivimos. Es imperativo recapacitar y reconocer que, al menos de momento, las emisiones de dióxido de carbono están directamente relacionadas con el progreso. ¡No se deben imponer restricciones de emisión!

Quemar el diablo ojalá signifique renunciar al resentimiento, al impulso irracional, a la cólera y hasta el odio que nace en muchas personas cuando escuchan disentir sobre estos temas, y principalmente cuando escuchan formas alternativas de solucionar los evidentes problemas ambientales. Te invito pues a permanecer vigilante de la escasa libertad que aún te queda, pues eliminarla es verdaderamente el objetivo del alarmismo climático. Te invito a analizar desde otra perspectiva los problemas ambientales reales, a profundizar en nuevas formas de resolverlos y a romper con los paradigmas y mitos que subyacen, por ejemplo, a la propiedad privada y al libre mercado.



Jorge David Chapas es empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute. Sus artículos se publican en República.gt, Rana, Diario AltaVoz (Perú) y Notiminuto (Venezuela).