Pucha que frío

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Por Vincent Dumortier | Artículo publicado originalmente -en versión modificada- en El Montonero (Perú) el 14 de julio de 2015.


El frio siempre fue gran enemigo de la humanidad. Recordamos por ejemplo que la Pequeña Edad de Hielo que duró cinco siglos a partir de 1300. Es descrita por historiadores como un periodo particularmente nefasto para la humanidad: frío intenso, malas cosechas y su corolario macabro: hambruna y millones de muertos. Al contrario, temporadas más calurosas que vieron surgir grandes progresos de la humanidad son consideradas, ¿sorprendentemente?, como óptimo: óptimo medieval, óptimo romano, Óptimo del Holoceno.


Mientras los alarmistas fastidian con sus delirios apocalípticos para final del siglo y los riesgos que conllevarían un supuesto calentamiento global del planeta, mientras los mismos tratan de hacernos desperdiciar escasos y valiosos recursos en proyectos como parques anticuados de molinos de viento (que, como ya les comenté, tienen muy débil rendimiento), en el sur del país se sufre e incluso, el ganado muere por culpa del frio.


En Europa se construyen casas muy eficientes contra el frio: ventanas con doble (hasta triple) capa de vidrio, construcción robusta a base de ladrillos y cemento (ojo que no critico el uso de adobe que presenta propiedad térmica interesante), capa externa de aislante (poliuretano), calefacción central (sea a gas, petróleo o eléctrico)…


Abrigarse del frío es posible pero tiene un costo. Costo financiero que no se podrá resolver de otra manera que mejorando la productividad y la diversidad de actividades de un lado, reduciendo trabas administrativas así como aprovechando los recursos disponibles de otro lado. No me cansaré decirlo, en Perú el desafío todavía no es redistribuir sino producir mayor riqueza (bienes y servicios).


A la vista de los ecostafadores abrigarse del frío también tiene un costo ambiental mediante las emisiones de CO2 ligadas tanto a la producción de materiales de construcción (como enuncié rápidamente antes) como a la misma producción de calor... Con su plan de reducción de emisiones, dudo que el ministro del ambiente acepte decir conmigo que razonablemente, debido a las condiciones climáticas, las emisiones de un Puneño, un Arequipeño, una Ayacuchano, deberían ser dos veces superior a las de un limeño.


Recordamos que la bazofia que nos sirven los ecologistas nace de sus modelos fracasados de simulación del clima (peor aún en zona intertropical). Estas curvas en forma de plato de fideos, presentadas por el profesor John R. Christy frente a una cámara de representante de EEUU, merecen una explicación.


La línea roja muestra la evolución “esperada” de temperatura haciendo el promedio de 32 modelos informáticos. Las curvas por encima de ella mayormente enseñan la evolución de temperatura si hubiéramos mantenido el nivel de emisiones constante (Business as usual). Son las que nos prometen algo de 4.8°C de más para el fin del siglo. Las curvas por debajo contemplan mayormente resultados de modelos con tremenda disminución de emisiones (más de 50%), modelos que predicen que, con la justa, nos mantendríamos a fin la del siglo a +2°C.


Bueno, la humanidad emitió más que lo previsto por los modelos Business as usual, y las temperaturas medidas en el mundo real (líneas verde y azul con redondos y cuadrados) quedan inferiores a todos los modelos… ¡Fracaso les decía!


Las noticias en efecto no son por nada alentadoras, a pesar de nuestros esfuerzos para emitirlo (y así contribuir a que el planeta sea más verde), el CO2 no calienta el planeta como se ha sugerido. Peor aún, empiezan a salir noticias, incluso en la prensa alarmista francófona, que el clima estaría bajo el control del sol -¡Oh sorpresa!- y que la desaceleración de su ciclo podría devolvernos a una pequeña edad de hielo.


Pues bien, son tremendas las razones para dejar esta estupidez de ecologistas radicales, analizar los problemas actuales y concentrarnos en resolverlos… ¡lo que la humanidad siempre hizo!



Vincent Dumortier es de orígen Belga, con residencia en Lima, Perú. Agrónomo de profesión con intereses académicos en cambio climático.