Principio de precautoriedad

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Por Jorge David Chapas | Noviembre 25, 2015


Cuenta el profesor de geografía de la Universidad de Delaware, David Legates, que en 2014 un congresista en Estados Unidos, refiriéndose al Principio de Precautoriedad, empleó la siguiente analogía para defenderlo de un escéptico: “Tú cuando cruzas la calle, ¿ves para ambos lados?”, “Yo sí Señor”, respondió el aludido y acto seguido el congresista explicó que [la] respuesta ante el cambio climático debe ser como mirar a ambos lados de la calle, y seguir el Principio de Precautoriedad.

Este principio es el último argumento que les va quedando a los alarmistas climáticos de todo el mundo. Es ya su único salvavidas pues el debate sobre la certeza de que el ser humano sea la principal causa del supuesto calentamiento del planeta es hoy por hoy más efervescente en los círculos científicos y políticos, al menos de los más serios.

Aún con eso, el profesor Legates explica que nosotros los seres humanos no actuamos acorde al Principio de Precautoriedad enunciado en la Declaración de Río (1992), el cual reza: “para proteger el medio ambiente, el enfoque de precautoriedad debe ser ampliamente aplicado por los Estados de acuerdo a sus capacidades… [d]onde hayan amenazas de daños serios e irreversibles[;] la escases de completa certeza científica no debe ser empleada como una razón para posponer medidas rentables que prevengan la degradación ambiental”.

¿Cuándo perdimos tan abruptamente el buen juicio como para desligar el conocimiento científico de la razón? ¿Cuándo habrá sido aquel momento tan infame?

“Nosotros actuamos conforme a la antítesis del Principio de Precautoriedad” dice el profesor Legates y explica: no se debe tomar ninguna acción para solucionar un problema hasta que, y a menos, pueda demostrarse que dicha acción (1) logrará un remedio efectivo y, (2) no tiene efectos adversos que crearán nuevos problemas o agravarán los ya existentes. El ver a ambos lados de la calle antes de cruzarte cuesta casi nada y reduce significativamente la probabilidad de que seas atropellado por un vehículo (se logra un remedio efectivo y no tiene efectos adversos).

En contraste, una solución a la luz del Principio de Precautoriedad, entendido como lo entienden los alarmistas climáticos, sería que de tu billetera saques 50 quetzales y los dejes en el pavimento cada vez que cruces la calle. La amenaza de que seas atropellado por un vehículo continua siendo real y dejar sobre el pavimento tu dinero no aporta ninguna certeza científica de aminorar aquella amenaza. Para mayor claridad, sigue leyendo el artículo del profesor Legates aquí: http://bit.ly/PrincipioPrecautoriedad

Actuar sin tener certeza científica de que el calentamiento global—poco significativo, sea provocado por el hombre cuando hay indicios muy contundentes de que el CO2 no determina las temperaturas del planeta no sólo no es un remedio efectivo sino que generará muchos efectos adversos. Nos costará trillones de dólares a los que producimos (no a los que viven de lo que producimos: los burócratas) y enriquecerá a miles de ONGs anticapitalistas que viven del alarmismo climático.

Permanece atento porque estos personajes te saturarán de emotivos videos, marchas, imágenes y discursos durante la 21º Conferencia de las Partes a celebrarse del 30 de noviembre al 11 de diciembre en el convulso Paris. Te recomiendo mejor darte la oportunidad de conocer una enfoque diferente al problema: http://bit.ly/RealismoClimatico, y a explorar soluciones correctas a problemas ambientales reales que padecemos los seres humanos.



Jorge David Chapas es guatemalteco y emprendedor forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.