Populismo ambiental, otro muro por derribar

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Por Jorge David Chapas | Noviembre 15, 2014


Los recientes “compromisos” entre China y Estados Unidos por reducir sus emisiones de CO2 me parecen una muestra más del populismo imperante en el mundo. Pero de un país que aún no goza de libertades políticas y de otro en el que sólo los “amigos” de los gobernantes gozan de los beneficios del “capitalismo” (crony-capitalism—o, mercantilismo) no podríamos esperar más…

Como en el populismo la esencia es la mentira, es muy probable que estos compromisos sencillamente no se logren. No obstante, muchos perderán en el intento y serán una vez más los ciudadanos trabajadores que pagan impuestos a estos gobiernos. Seguramente impulsarán políticas de subsidios a las energías renovables, cosa ya probada en España y Alemania con resultados nefastos para la economía y el empleo de ambos países.

En España, Gabriel Calzada y sus colegas demostraron que cada empleo generado por la industria eólica entre el año 2000 y 2008 costó al gobierno español—es decir, a los tributarios del país ibérico, más de un millón de dólares. Según estimaciones de la propia Comisión Nacional de Energía aquella suma representó un ascenso del 31% en la factura de la luz. En Alemania, los resultados no han sido para nada diferentes; en 2009, un equipo de investigadores del Instituto de Rin-Westfalia para la Investigación Económica, demostró que la política de “tasar precios para la producción muy por encima del precio de mercado y obligar la compra de energía a los distribuidores de electricidad” tuvo los mismos efectos: cada empleo verde ha costado a los tributarios alemanes alrededor de 175,000 euros—unas 53 veces más caro de lo que podría llegar a costar generar un empleo de forma natural en ese rubro económico, significando ello un coste anual para los tributarios de 23 billones de euros en subvenciones.

Lamentablemente, como Alemania, muchos países han desestimado lo valioso de la energía nuclear, más limpia y menos extensiva por unidad de área en comparación con la energía eólica y solar. Prescindir de la energía nuclear representaría un incremento de emisiones de 2 billones de toneladas de CO2 por año. No está demás reiterar a propósito, que la ciencia independiente ha demostrado que la actividad humana no es la responsable de los cambios climáticos actuales, siendo probablemente la actividad solar el factor más influyente. Por otra parte, el gas natural constituye una fuente de energía importante y ahora más limpia y barata derivado de las nuevas tecnologías de “fracturación” (fracking).

Cualesquiera de estas tecnologías y fuentes de energía que urge el planeta para crecer económicamente y superar así la pobreza que pulula en el mundo deben emerger espontáneamente, de forma genuina y sin ayuda de los gobiernos. El “compromiso” de los presidentes de China y Estados Unidos pone de manifiesto lo lejos que estamos aún de aquella visión y lo cerca de las políticas de redistribución coercitiva de la riqueza.

El populismo ambiental y sus políticas centralizadas y mercantilistas están de moda y representan los nuevos muros por derribar. Hace 25 años fue derribado aquel que impedía las libertades económicas y políticas de miles de alemanes. Hoy enfrentamos el reto de derribar el muro de la ignorancia que nos invita a creer que son los gobernantes y no los emprendedores, los acuerdos políticos y no la tecnología, los subsidios y no los precios, los que deben guiar el progreso de nuestros países. ¡Soy optimista al creer que serán los segundos los que prevalezcan en nuestro futuro cercano!



Jorge David Chapas es empresario; forestal y maestro en economía ambiental. Co-fundador y CEO de Rana. Amigo del CEES y del PERC.