Pacto ambiental y la teoría de la estupidez

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Por Jorge David Chapas | Noviembre 11, 2015


La semana pasada hubo “encerronas” de carácter urgente para deliberar sobre un posible “pacto ambiental” en Guatemala. Desconozco quienes son los protagonistas de semejante iniciativa pero trascendió que los temas a tratar eran los siguientes: “reducir la deforestación, cuidar el agua, TRANSFORMAR LOS PROCESOS PRODUCTIVOS [transcribo literal de la agenda], reformar el sistema de licencias ambientales, prepararnos para el cambio climático y limpiar el país de desechos sólidos y contaminación visual”.

Sin duda, y a propósito de la aprobación de la Ley de Tarjetas de Crédito la semana pasada, la Teoría de la Estupidez la validan estos paladines de la justicia ambiental. Dice el matemático italo-estadunidense, Carlo Cipolla (1922-2000), que los estúpidos son irracionales y no tienen estructura, coordinación, estatutos, vocero ni manifiesto y sin embargo resultan influyentes y determinantes. De esta premisa general el Dr. Cipolla establece 5 leyes fundamentales de su teoría e identifica 4 tipos de gentes: los inteligentes, que se benefician a sí mismos y a los demás, los malvados, que se benefician a sí mismos pero hacen daño a los demás, los estúpidos, que se hacen daño así mismos y a los demás, y los incautos, que se perjudican a sí mismos pero benefician a los demás.

El problema en nuestras sociedades fracasadas es que los inteligentes no han (o hemos, quizás) sabido mantener a raya a la fracción de estúpidos que pulula en el “medio ambiente”. Estos últimos tienen dicha condición sin importar sexo, raza o nivel económico; y muchas veces, este grupo de gentes, los inteligentes, subestiman al grupo de los estúpidos y malvados, y he ahí el problema. Los inteligentes y los malvados, son conscientes de ello, los estúpidos no, estos son impredecibles. ¿A qué grupo pertenecerán mis protagonistas hoy?

El pacto ambiental que negocian los ecologistas irracionales y los planificadores centrales del Ministerio de Ambiente y Cía. no es más que una confirmación certera del juego entre inteligentes, malvados y estúpidos. Los primeros creen que lo que hacen estos ecologistas es bueno mientras los segundos y terceros, se aprovechan…creen hacer un bien pero terminarán dañándose incluso ellos mismos. Todos los diputados del Congreso que votaron a favor de aquella perversa ley de tarjetas de crédito cometieron el mismo error. ¡Su irracionalidad es mayúscula!

¿Reducir la deforestación? De acuerdo, deroguen las leyes 101-96 y la 4-89, incluyendo los subsidios (PINPEP y ProBosque) y trabas administrativas, aclaren los derechos de propiedad entorno a áreas protegidas y bosques “privados” y verán los resultados. ¿”TRANSFORMAR LOS PROCESOS PRODUCTIVOS” y “reformar el sistema de licencias ambientales”? Seguro no les bastó con los acuerdos gubernativos 60 y 61-2015 aprobados en febrero pasado, en los que limitan las actividades que generan empleo y burocratizan más de 555 actividades productivas. ¿Díganme si esto no confirma con ímpetu la teoría de la estupidez del Dr. Cipolla?

“¿Prepararnos para el cambio climático?” De esta ni hablar…todo lo que hagan en esas “encerronas” lo justificarán con ese fraude. Pero esta la dejo para la otra semana, a partir de la cual compartiré con ustedes cómo me fue en un evento preparativo para la COP21, a celebrarse en París en los próximos días. Yo, muy contento escribo estas líneas desde el aeropuerto de Houston, una ciudad a propósito, que NO tiene un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y que NO por eso carece de orden y paisaje. Mientras llego a Bonn, Alemania me disfruto y valoro, en nombre los hombres inteligentes, mis 3,081 kg de CO2 que emitiré durante el viaje.



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.