PINPEP, el arte de expoliar

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Por Jorge David Chapas | Agosto 5, 2015


Hay pensadores de la ciencia política que realmente trascienden épocas. Frédéric Bastiat es uno de mis favoritos. Hoy, a propósito de los programas de incentivos forestales PINFOR y PINPEP me permito citar unas líneas verdaderamente oportunas de su breve libro La Ley: “Está en la naturaleza de los hombres el reaccionar contra la iniquidad de que sean víctimas. Así, pues, cuando la expoliación está organizada por la ley, en beneficio de las clases que la dictan, todas las clases expoliadas tienden por vías pacíficas o revolucionarias a tener alguna participación en la confección de las leyes. Tales clases, según sea el grado de esclarecimiento a que hayan llegado, pueden proponerse dos finalidades muy diferentes al perseguir la conquista de sus derechos políticos: o quieren hacer cesar la expoliación legal, o aspiran a participar en dicha expoliación”.

Las personas que la semana pasada se manifestaron frente a las oficinas del INAB en todo el país bloqueando el ingreso de trabajadores y usuarios optaron desde hace años por la segunda finalidad, la de participar en dicha expoliación. En 2010 todos esos agricultores liderados por inescrupulosos burócratas y líderes sociales apelaron a sus derechos políticos y conquistaron lo que hoy se llama el PINPEP, el programa de incentivos forestales hermano del PINFOR. Este último es un mecanismo de expolio organizado por ley (Decreto 101-96) que supone más árboles y más conservación forestal en propiedades con registro de la propiedad inmueble. El PINPEP fue la conquista social de aquella primer década de siglo que representó la reacción de aquellos hombres ante la iniquidad de que fueron víctimas; claro, ¿si otros gozaban de aquellos incentivos porque no ellos que no tenía registro de propiedad?

El PINFOR era hasta entonces y desde 1996 un incentivo otorgado solamente a algunos: propietarios con registro de propiedad sobre tierras mayores a 2 hectáreas. Decenas y hasta cientos de estudios ha realizado el Inab, la academia tradicional y el sector forestal organizado justificando los impactos ambientales y económicos de los incentivos forestales. Y sí, es razonable que si se incentiva, por ejemplo, la reproducción de tortugas el resultado es que al cabo del tiempo habrán más tortugas. No obstante los efectos lógicos, y aunque parezca impensable, hay efectos negativos de estos seductores esquemas mercantilistas.

Y aunque el beneficio sea considerado de impacto social, por el mero hecho de que la siembra de árboles pueda traer impactos ambientales significativos, creo que lo más importante de cuestionar ambos programas, los anteriores (Programa de Incentivos Fiscales) y el que intentan aprobar en el Congreso (ProBosque) es su carácter inmoral. Es deshonesto seguir quitándole a unos para darle a otros de manera inconsulta y por la fuerza. Por la fuerza porque el financiamiento del PINFOR (1% del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado) y del PINPEP (0.50-1% del mismo Presupuesto) se deduce del bolsillo de todos los guatemaltecos mediante impuestos o préstamos. En cualquiera de los casos, es algo perverso, pues ambos mecanismos engendran más deuda pública, influyendo a la larga en la ausencia de ahorro, el encarecimiento del crédito, la ausencia de inversión y la falta de empleo productivo. Claro, el propósito de la ley es muy noble: “reforestar” y ahí el arte del expolio.

Desde ya invito al nuevo Congreso de la República, y principalmente a aquellos legisladores que tengan un compromiso claro con los principios de la libertad, a cesar la expoliación e improbar más privilegios (Ley ProBosque). Todos los guatemaltecos queremos una país más verde pero esta no es la ruta correcta. Ceder las áreas protegidas a entidades mercantiles por concurso, derogar ley específica (4-89) y la institución que la rige; derogar la Ley Forestal y sus reglamentos, y así eliminar todas las trabas para el aprovechamiento, comercio y transporte de los productos forestales y fortalecer un sistema de justicia que sepa dirimir los conflictos propios del robo y la estafa es, creo yo, lo más conveniente.

Post Scriptum. Debo confesar que de aquella legión de burócratas inescrupulosos que hicieron el lobby y manipularon gente para aprobar la ley PINPEP, yo fui parte…sirvan estas líneas como una disculpa a quien crea merecerla. Casi desde aquel entonces pertenezco a la clase de personas que aspiran a hacer cesar la expoliación legal y como bien diría el enorme Bastiat: ¡lo haré con todas mis fuerzas, por mucho insuficientes, hasta mi último aliento!



Jorge David Chapas es empresario forestal, fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.