Municipios libres

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Por Jorge David Chapas | Noviembre 3, 2014


He tenido la oportunidad de conocer otras ciudades en el mundo. Cuando vuelvo a Guatemala y recorro sus calles y avenidas, sus comercios, las zonas residenciales y cascos urbanos, los mercados y parques, las carreteras y caminos rurales…me envuelve un sentimiento de tristeza y envidia por aquellas ciudades que rebozan de orden, seguridad y riqueza.

Me pregunto, ¿porqué, por ejemplo Soloma o Chimaltenango, Cuilapa o Champerico, no pueden ser ciudades ordenadas y prósperas? ¿Porqué en ellos reina la violencia, el desorden, la contaminación, la pobreza…el caos generalizado?

El problema es complejo y multicausal por supuesto pero una de las razones es sin duda la “planificación centralizada” que impera en nuestros sistemas de organización social. Heredados la mayoría, estos abogan por la creencia en los “planes de ordenamiento territorial” a manos de políticos (en el mejor de los casos, rodeados de urbanistas), por la existencia de “monopolios naturales” y “alianzas público-privadas”, y en consecuencia, el supuesto de que el gobierno local es quien deben ordenar la vida del municipio o de la ciudad.

Afortunadamente resurge un nuevo paradigma…el de las ciudades libres, o si acuñamos un término más local, el de municipios libres.

El concepto no es nuevo pero recientemente ha sido impulsado por académicos como Paul Romer y Michael Strong; por la Universidad Francisco Marroquín y el Startup Cities Institute. Desde hace algunos años se ensaya el concepto de “ciudad libre” (o free city). Singapur, Hong Kong y varias provincias chinas son ejemplo de ciudades libres. En la región centroamericana, Honduras se perfila como un país pionero en impulsar regiones de desarrollo especial (red).

Un municipio libre es, una palabra, autonomía; pero ello encierra varios principios que deben cuidarse. Un municipio libre debiese basarse en tres principios fundamentales: derechos de propiedad definidos, defendibles y divisibles; el principio de no agresión y libertad de intercambio. La aplicación de estos principios bajo un orden legal y político descentralizado traería como consecuencia cortes independientes, descentralización fiscal, una fuerza policial local y servicios básicos eficientes.

Veríamos quizás alumbrado público subterráneo (que hace gran daño al paisaje y devalúa los municipios frente al turismo; además, un sistema de cableado subterráneo es más deseable en territorios suscptibles de temblores, terremotos y huracanes), un servicio regular de agua potable accesible para todos los habitantes y un sistema de precios afín a usos diversos, sistemas de seguridad más eficientes y mecanismos de reacción más eficaces, menos tráfico derivado de sistemas de transporte público más eficientes y un sistema de precios aplicado a carreteras, calles y avenidas.

Todo ello sería posible si logramos establecer un régimen legal, político y económico que impulse el emprendimiento y la innovación tecnológica. Bajo un sistema de esta naturaleza las personas se educarían mejor y sería menos probable la instauración de regímenes populistas y dictatoriales. Habría por supuesto más transparencia en el uso de los recursos públicos, empezando porque los impuestos serían menores y aquel valor agregado generado localmente se quedaría en el municipio.

La autonomía de los municipios generaría una cultura de competencia intermunicipal y los ciudadanos “votarían con los pies” al migrar hacia aquellos municipios en los que tienen más y mejores oportunidades de empleo. Así, los municipios se esforzarían por satisfacer las necesidades de sus habitantes y se crearía un efecto dominó hasta alcanzar la escala nacional…países libres.

Parafraseando a mi profesor y amigo Giancarlo Ibarguen: “El futuro de la libertad está en municipios como…” ¿Cuál será el primero en Guatemala?



  • Imágen de San Pedro Soloma, Huehuetenango | Creative Commons, SZacarías


Jorge David Chapas es empresario; agrónomo y maestro en economía ambiental. Co-fundador y CEO de Rana. Amigo del CEES y del PERC.