Mito No. 32: educación ambiental

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Por Jorge David Chapas | Junio 28, 2014


En la edición de publinews del pasado miércoles 25 de junio, la pluma invitada fue la Ministra de Ambiente y Recursos Naturales, Michelle Martínez. La ministra introduce su columna, cuyo título es Educación ambiental, con la típica referencia a los recientes eventos climáticos. (Enhorabuena por llamarles correctamente, eventos, pues la mayoría de personas yerran al denominarles de entrada desastres naturales).

Según la Ministra las tormentas y las sequías son ahora inesperadas, más frecuentes y más fuertes que en el pasado, pero la evidencia, al menos en el caso de las sequías a nivel global (http://www.nature.com/articles/sdata20141), demuestra más bien que su ocurrencia ha disminuido en los últimos 30 años. El problema es que la Ministra aduce de manera tácita que es el ser humano el responsable de estos eventos y propone educación ambiental para lograr que aprenda a manejar responsablemente sus recursos.

¿Qué le hace suponer a la ministra—y a tantos otros con las mismas ideas, que las personas, carentes de educación “formal”, manejan irresponsablemente sus recursos por falta de conocimientos?

La educación ambiental es uno de los tantos mitos del ambientalismo tradicional. La gente pobre no necesita, en primera instancia, ser educada para conservar el ambiente. Y mucho menos es esta una tarea del gobierno y un ministerio. Décadas, proyectos, cooperación y programas de gobierno han pasado ya con las mismas ideas y nada o poco ha mejorado la gestión ambiental del país.

¿Y qué contenidos se enseñan en estos programas gubernamentales? Cambio climático, generado por el ser humano por supuesto, vaya adoctrinamiento! Luego que no pregunten porqué se opone su grupo meta a la minería y a las hidroeléctricas que luego ellos mismos aprueban.

Los pobres no cambiarán de actitud señora Ministra. No cambiarán porque no tienen los incentivos correctos. Estoy seguro que su sentido común les permite manejar responsablemente lo poco que tienen, pero el tirar la basura al río, por ejemplo, no obedece a la falta de conocimientos formales, sino a la falta de ingresos que no les permite pagar un servicio de recolección y transporte. Promueven el “reciclaje” dice la Ministra…por favor, no tire nuestros impuestos a la basura!

El reciclaje y cualquier otra medida verde ocurre sólo en países que han alcanzado ciertos niveles de ingresos. Hay que tener dinero y los incentivos correctos para ser verdes y su grupo meta aún no tiene los ingresos necesarios para subsistir, mucho menos los tendrá para comprar gas propano o separar la basura. Seguro tienen otras prioridades señora Ministra.

La educación ambiental no es el camino, sí lo es la generación de condiciones para que existan más y mejores oportunidades de empleo. La existencia de un salario mínimo, por ejemplo, socava ese posibilidad y genera más bien altos niveles de desempleo y ausencia de oportunidades.

En serio y como bien lo dije en mi columna anterior, lo mejor que puede hacer la Ministra de Ambiente para lograr que los ecosistemas se conserven y que las personas vivan mejor es cerrar el MARN! Sí, esos recursos pueden destinarse a clarificar los derechos de propiedad sobre las aguas, los bosques y el subsuelo. Y dejar a la libre competencia, sin privilegios, la oferta de energía, la recolección-transporte-manejo de los desechos. Seguro estas medidas generarán mejores incentivos y seguro, posteriormente, la gente decidirá educarse ambientalmente, pero ello vendrá por añadidura y surgirá de manera espontánea, con sus propios recursos, métodos y programas de estudio.



Jorge David Chapas es agrónomo especialista en bosques y economía ambiental. Cofundador y director ejecutivo de Rana. Investigador asociado al CEES y alumno del PERC.