Laudato si, desde la mirada de un escéptico (II)

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Por Jorge David Chapas | Julio 20, 2015


En mi columna anterior elaboré sobre algunas cuestiones filosóficas respecto al carácter de casa común que Francisco le confiere a los bienes de la creación y al planeta tierra. Zanjé diferencias sobre la visión de la propiedad y cómo esta bien entendida (definida, defendible y divisible) puede ofrecer los incentivos que beneficien a nuestro prójimo, la protejan de la explotación irracional e incluso la multipliquen en cantidad y calidad.

Deseo ahora llamar la atención sobre el tema científico que contiene Laudato si.

El Papa Francisco hace una descripción de lo que está pasando en nuestra casa (Capítulo I) y cita de forma aceptable los problemas de contaminación por el uso de leña y basura, escases de agua, pérdida de la biodiversidad y crecimiento desmedido de las ciudades. Acude por ejemplo, al argumento de que los modelos de producción ‘no han logrado adoptar un modelo circular’ en contraposición con el funcionamiento de los ecosistemas naturales fomentando con ello la cultura del descarte (22).

Ciertamente, todo lo que ‘descartamos’ eventualmente podría reincorporarse al proceso productivo pero ello no sucede porque la creatividad se encuentra cautiva por tanta legislación inútil que confiere esa responsabilidad a los gobiernos cuando ello sencillamente no es su función. Si liberáramos el proceso creativo y el emprendimiento (por ejemplo, permitiendo basureros privados) mucho de lo que desechamos tuviera un precio y un mercado, y ello evitaría que existan botaderos clandestinos y basureros sin manejo en las ciudades de los países en desarrollo. La cultura del descarte es justamente un hábito porque ha sido un hábito creer que deben ser los gobiernos y no los emprendedores los responsables de hacer más eficientes los procesos productivos.

Sobre la cuestión del agua, el Papa Francisco comete otro grave error que pasa factura a los más pobres: “en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico” (30). Considerar el agua como derecho humano básico equivale a considerarle un bien gratuito, y no lo es. Su producción (en el sentido de extraerla de los mantos acuíferos), distribución y tratamiento implica costes con los que alguien debe cargar y sólo los emprendedores serán capaces de percibirlos mediante el sano incentivo del lucro. El acceso a agua potable debe ser considerado un servicio susceptible de estar en el comercio de los hombres. Bajo la acepción de “derechos humano” o bien público la responsabilidad recae en los gobiernos, siendo estos incapaces por su naturaleza de satisfacer la demanda, en cantidades y calidad. Los que proponemos someter el agua a las “leyes del mercado” nos referimos al mercado libre, sin privilegios. Un mercado en el que hayan, primero, claros derechos de propiedad, normas sencillas y un sistema de justicia capaz de dirimir los conflictos por el incumplimiento de contratos privados. Lamento que el Papa no tenga claro que ya en algunas partes del mundo este su argumento perdió toda validez (Manila, Filipinas).

Se equivoca también al situar el supuesto problema del cambio climático como propio de “un consenso científico muy consistente” (23) y un “problema global” (25). Ya en numerosos artículos publicados en Rana he criticado tales afirmaciones y he comentado los hallazgos de científicos escépticos y centros de investigación independientes (CO2 Science, The Heartland Institute y Watts Up with That) que sustentan con hechos que semejantes hipótesis son cuestionables.

No obstante, es oportuno reiterar la cuestión esencial: ¡No hay un consenso científico sobre el calentamiento global! Es más…erramos si creemos que la ciencia es una cuestión de consensos. “En lo tocante a la ciencia, la opinión de un millar no es superior a la razón fundada, aunque esta la defienda un sólo hombre” nos recuerda Aznar en el prólogo del libro Planeta Azul (No Verde), de Václav Klaus.

La actividad humana no tiene un impacto significativo en los cambios climáticos actuales Estimado lector...que nadie le cargue culpas inmerecidas.

“Sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene porqué proponer una palabra definitiva…” (61) dice el Papa, y sin embargo lo hace respecto al cambio climático. Y aunque el Papa se muestra abierto a “escuchar y promover un debate honesto entre científicos” me parece que se equivocó al fijar posición, demostrando con ello falta de prudencia y un claro sesgo ideológico. Es una lástima. Continuaré.



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Amigo del CEES y del PERC.