La puerta del cielo no está protegida

Saltar a: navegación, buscar

Jorge Chapas 2.jpg

Por Jorge David Chapas | Diciembre 14, 2016 - Publicado originalmente en el diario digital República.gt


Allá por 2002 visité un lugar mágico: hacía frío, llovía y la niebla caía densa. Era un lugar montañoso, de terreno rocoso. Conforme descendía sobre un camino de terracería en muy mal estado irrumpían lentamente y entre las nubes, árboles muy altos y de forma especial. Sus ramas me confirmaban que no eran pinos ni cipreses. Aquel lugar se llama la Puerta del cielo; aquellos grandes árboles eran pinabetes en su estado natural.

Lamentablemente, la Puerta del Cielo no está protegida y los pinabetes (o Pachac o Abies guatemalensis) que habitan ahí tampoco. Esta especie es endémica de Guatemala, es decir, se reproduce naturalmente sólo en estas latitudes, específicamente en Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos y Huehuetenango.

Las acciones de coordinación interinstitucional, de educación, de fomento vía subsidios (privilegios), de conservación mediante áreas protegidas y de control de la ilegalidad contenidas en la Estrategia Nacional para la Conservación del Pinabete 2008-2017 han contribuido en poco y nada a la conservación de la especie, a saber: en los últimos 45 años la reducción de estos bosques fue superior al 95% (Conap 1999) y sólo en 2015 se incautaron 140 mil ramillas valoradas en Q. 732 mil quetzales, y se capturaron 35 personas y 12 vehículos.

Pues bien, el problema no es nuevamente la falta de aplicación de la ley, la ingrata ambición de los vendedores ilegales o la incompetencia de las autoridades. El problema tiene tres grandes aristas: una de índole político, una económica y una social. Es de índole político porque nuevamente otorgamos a los gobiernos funciones, poderes y recursos que no les corresponden. Creen muchos equivocadamente que es responsabilidad de los gobernantes cuidar los recursos forestales. Bajo esta premisa justificamos presupuestos para entidades y burócratas (e.g. INAB y CONAP) y aprobamos moralmente convenios perversos (CITES o Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de flora y fauna silvestres). Los burócratas no tienen todo el conocimiento y siempre intereses personales que los hace, por un lado, incapaces de advertir lo complejo del mercado (oferta y demanda) y por el otro, susceptibles a la corrupción.

El problema es de índole económico porque básicamente existe un mercado, es decir, gente que demanda árboles y productos navideños y vendedores ilegales que valoran en más las utilidades que el riesgo de ser sancionados por la ley. A esta arista debo agregar el problema de los dañinos efectos de un subsidio o “incentivo forestal” para establecer plantaciones voluntarias y su respectivo marchamo blanco. Este privilegio y esquema de “certificación de legalidad” solo ha generado un pequeño monopolio de productores que no están sometidos al rigor de un sistema de precios en competencia y que regularmente hacen su agosto en diciembre. ¡De ahí que a muchos guatemaltecos nos cueste pagar un árbol para adornar y dar el olor de la época navideña a nuestra casa!

En el ámbito social corresponde otro problema fundamental: el de la propiedad. En este caso creen muchos que atribuyendo la categoría de “CITES” o “área protegida” a especies forestales y propiedades estatales se asegurará la conservación de las mismas. Falso. La propiedad estatal favorece la Tragedia de los comunes o escenario bajo el cual nadie cuida lo que no le es claramente propio. Todos en algún momento exceden los límites aprovechables y de ahí la Tragedia que padecen la Puerta del Cielo y muchos otros parajes del occidente del país. Por demás está hablar de la educación…a los oferentes o emprendedores que burlan la ley, poco les importa si la especie es endémica o no, o si su ciclo de reproducción natural coincide con la época de aprovechamiento.

La verdadera solución pasa pues por los tres principios antagónicos: gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada. Lo primero para resguardar que en las relaciones comerciales se respete la vida, la propiedad y la libertad de las personas. En tal virtud, es urgente fortalecer el sistema de justicia pero también derogar el CITES y las leyes malas que derivan de él (Decreto 4-89 y 101-96). Lo segundo (mercados libres) para dejar-hacer, dejar pasar…dejar que las personas de Todos Santos Cuchumatán, por ejemplo, comercien libre y pacíficamente el producto de su trabajo y de su propiedad; ello permitirá que, a mayor demanda del árbol navideño, exista mayor oferta (¡más bosques!). Y lo tercero (propiedad) para que exista un aprovechamiento racional. En tal virtud, se debe lograr que la propiedad sea puntualmente definida, jurídicamente defendible y comercialmente divisible.

Ni prohibir el aprovechamiento y comercio de los bosques naturales, ni agregarlo a Apéndice CITES, ni decretar áreas protegidas, ni los subsidios, ni el marchamo blanco contribuyen a proteger el pinabete. Más bien son la causa de su extinción. De aplicar soluciones de libre mercado y propiedad privada, eventualmente nos convertiríamos en exportadores de tan únicos árboles. ¡Razónalo!



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute. Sus columnas se publican en varios diarios digitales.