La ONU: el gobierno mundial al cual urge renunciar

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Por Jorge David Chapas | Octubre 14, 2015


La madre de toda planificación centralizada, es decir, la ONU y sus más de 30 agencias, fondos y programas, incluido ahí el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), sigue costándonos mucho dinero, libertades individuales, rezago institucional y progreso a todo el mundo, y muy especialmente a los países más pobres.

Desde su creación oficial en 1945, este engendro supranacional fue dotado de las mejores intenciones: “contribuir a estabilizar las relaciones internacionales y dar mayor consistencia a la paz”. Paradójicamente, fue Winston Churchill, uno de mis estadistas favoritos, quien impulsara aquella noble iniciativa en 1941. Pero, ¿estuviese de acuerdo aquel brillante político con lo que es ahora la ONU? Porque poco tardaría en asumir un sin fin de propósitos que abonarían más bien a desestabilizar y agitar a los pueblos de todas las naciones. Así, hoy en día, con sus más de 10,000 empleados muy bien pagados y 3,000 ONG’s afiliadas, interviene en temas de cambio climático, economía, desarrollo sostenible, derechos humanos, desarme, terrorismo, emergencias humanitarias y salud, igualdad de género, gobernanza y producción de alimentos, entre muchos otros. ¡Todo un gobierno mundial iLimitado!

Después de 70 años de “ayuda internacional” relativamente poco ha cambiado. África continua siendo muy pobre y América Latina mantiene un rezago similar. Es más, cuando uno repasa los supuestos “logros” de la ONU es posible observar cómo la “promoción de la democracia”, la “protección del medio ambiente”, la “promoción del desarrollo” y el “fortalecimiento de la ley internacional”, por ejemplo, han decantado más bien en todo lo contrario: la democracia convertida en fin último mediante el cual se impone la voluntad de la mayoría hasta por encima de los derechos individuales, logrando con ello sistemas caudillistas hoy imperantes a nivel mundial; el deterioro y degradación del medio ambiente y los recursos naturales, mediante decenas de “Convenios” que luego se transforman en leyes que refuerzan el esquema de bienes públicos, generando la Tragedia de los Comunes, escases y mala calidad; el “desarrollo” que únicamente ha generado paternalismo y un estado de bienestar enquistado en los gobiernos nacionales que luego degenera en una corrupción generalizada a todos los niveles, incluyendo los empresariales. Y un fortalecimiento de la ley internacional que, al menos para Guatemala, queda patente cómo la CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), es un engendro inconstitucional que ha deteriorado considerablemente el sistema de justicia y los órganos encargados de la seguridad y la investigación.

La última joya de la ONU a nivel internacional es la iniciativa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un relanzamiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), de los cuales poco y nada fue logrado a un costo multimillonario. Diecisiete objetivos y 119 metas de los ahora ODS, son la máxima expresión de la planificación centralizada, que seguramente se convertirán en convenios, leyes y políticas nacionales que continuarán sofocando toda posibilidad de salir de la miseria, las enfermedades y el deterioro ambiental.

Porque la talla y el peso de los niños malnutridos no se resuelve con programas de gobierno o secretarías específicas; porque la pobreza no se resuelve decretando leyes de Desarrollo Rural Integral y porque el deterioro ambiental no se resuelve decretando programas de incentivos forestales (Ley ProBosque), ni limitando las emisiones de CO2 (Leyes de Cambio Climático); porque son sus agencias (la FAO y el PNUD y el IPCC, entre otras) las que han financiado el lobby de estas leyes y convenios de expolio legal.

Estos males y otros que pretenden resolver los paladines estatistas de la ONU se resuelven limitando los poderes, atribuciones y presupuestos de los gobiernos nacionales, descargándolos del cúmulo de funciones que han absorbido indebidamente (economía, cultura, familia, educación, salud), y concentrándolo estrictamente en sus funciones propias: justicia, seguridad y algunas obras públicas.

Se resuelve creando un shock de oferta (o explosión productiva) con deflación (o caída del nivel general de precios), y ello implica desregular el mercado, derogando las leyes que impiden o entorpecen el intercambio pacífico y voluntario de las personas, eliminando impuestos y fijando uno solo, uniforme y universal, logrando que nuestro quetzal o dólar o nuevo sol peruano, adquiera mayor valor adquisitivo mediante respaldo metálico (Patrón Oro) y logrando una banca sólida, con créditos respaldados en los depósitos. Sólo estas condiciones generarán más inversión y mejores emprendimientos, innovación tecnológica y mayor bienestar material.

Es el mercado, o sea, el proceso mediante el cual los individuos (no los países) intercambian pacíficamente valor por valor. La ONU y sus agencias supranacionales lo que hacen es invisibilizar cada vez más al individuo, suprimiendo sus fines (siempre subjetivos), restringiendo el acceso a los medios para alcanzar aquellos fines e incitándolo a expoliar a sus semejantes cada vez que puede.

Sugiero ver el documental Poverty, Inc. (http://www.povertyinc.org/) y cuestionar las premisas detrás de la existencia de este gobierno mundial ilimitado, el cual dicho sea de paso, no es suficiente para la iglesia católica y en especial para el Papa Francisco. ¿En qué cabeza cabe pedir una “Autoridad política mundial” (Laudato si, 175), cuando realmente lo que urge es renunciar a ella?



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.