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Por Jorge David Chapas | Septiembre 23, 2015


El viernes 18 de septiembre tuve la oportunidad de dar una conferencia en el Colegio Internacional Montessori. Aproximadamente 60 jóvenes del 5to. Bachillerato me escucharon hablar sobre el tópico Recursos, Medio Ambiente e Industrialización. La charla fue concertada por uno de los estudiantes (y amigo), Jose Fernando Orellana, un joven muy inquieto intelectualmente que recomiendo seguir en redes sociales.


La mayoría quizás esperaba de mi parte un enfoque tradicional: recursos naturales concebidos como bienes públicos, problemas globales y no locales, crecimiento económico como fenómeno incompatible con la conservación ambiental y en consecuencia, la típica ecohisteria que abunda en nuestra sociedad.


Ofrecí, por supuesto, todo lo contrario. Y aunque el tiempo me jugó en contra logré cuestionar aquellas premisas y desmentir el mito de la escases y del calentamiento global provocado por el hombre. No logré abordar el problema que suscita cuando los recursos naturales son administrados como bienes públicos y bajo la tutela del Estado (Tragedia de los Comunes) ni profundizar en el porqué la soluciones tradicionales (impuestos, vedas, licencias y permisos, subsidios, leyes y política pública) no ofrecen los incentivos adecuados para solucionar de fondo aquellos problemas.


(Es por eso que para ellos, principalmente, escribo estas líneas).


¡El mejor incentivo para conservar el ambiente es la propiedad privada! Nadie cuida mejor lo propio que el mismo dueño, aunque generalmente se nos haga creer que esos dueños serán egoístas e incapaces de cuidar bienes complejos como el agua, los bosques o el subsuelo. Sólo en las sociedad donde más evolucionado existe aquel incentivo, donde prevalece un gobierno limitado (libertad económica) y donde prevalece un sistema de justicia y seguridad independiente y capaz de dirimir los eventuales conflictos, sólo ahí, el desempeño ambiental ha mejorado sustancialmente: el aumento permanente de un punto (1%) en el índice de libertad económica, resulta en la disminución del 7.5% de la contaminación local (medida en microgramos por metro cúbico de partículas suspendidas al aire libre).


Ese dato aún logré lanzarlo como respuesta a una jovencita durante la fase de preguntas. Las dudas eran lanzadas sin temor ni permiso, mientras recibía de uno de ellos un presente en señal de agradecimiento, y aún después.


Con el presente en mano y con algún profesor que esperaba en el fondo por ellos, surgió una pregunta muy particular, ¿cree usted que no debemos imprimir hojas porque es malo para los árboles? Franco, directo y claro respondí: no para nada…eso no es malo, es uno de los tantos mitos que nos han hecho creer. Imprimir hojas es la mejor manera de estimular la industria papelera…porque más demanda de papel implica más demanda de árboles.


Así que, amigos lectores y jóvenes del Montessori, no se abstengan de imprimir este artículo, con la buena intención de evitar la deforestación. Imprímelo si para tí es conveniente imprimirlo y entonces contribuirás a conservar y hasta aumentar la cantidad de árboles en el mundo.


P.S. Mientras me dirigía hacia la puerta de salida y al ritmo de mi paso, Emiliano, otro joven muy audaz cuestionaba respetuosamente algunos de mis planteamientos. Respondí y rectifiqué incluso, felicitándolo finalmente por tan importante proceso de pensamiento: el cuestionar. Me llena de esperanza que estos jóvenes estén siendo formados bajo ese esquema. Lamentablemente, por nuestro decrépito sistema educativo, esa es la excepción y no la regla. ¡Felicitaciones Colegio Montessori!



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Amigos del CEES, del PERC y del Heartland Institute.