Gracias Wyoming

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Por Jorge David Chapas | Febrero 9, 2015


El reciente anuncio de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE) sobre la baja en los precios de la electricidad y la reducción considerable en el precio de los combustibles en los últimos días son noticias que todos los guatemaltecos celebramos. Si bien es cierto estos fenómenos económicos ocurren influidos principalmente por factores políticos (lamentablemente), es importante advertir que a ellos subyacen también factores tecnológicos de gran trascendencia.

Ocurre que la oferta y la demanda son fenómenos que marcan la fijación de los precios internacionales: a mayor oferta de un bien, menor es el precio del mismo. Últimamente la oferta de petróleo ha sido afectada, entre otras razones, por el aumento de producción de petróleo y gas natural en Estados Unidos. Sólo de 2007 a 2012 este país ha incrementado en 43% sus reservas de crudo y en un 30% las de gas natural, y ello se ha debido a las nuevas aplicaciones en la extracción de estos recursos.

La fracturación hidráulica –o fracking- es una innovación tecnológica que, aunque ha sido empleada de algún modo desde 1940, es hasta los años recientes que ha permitido liberar grandes contenidos de petróleo y gas natural derivado de aplicaciones más especializadas. Aunque se suele pensar que la fracturación hidráulica consiste en la mera perforación de los pozos, realmente el proceso innovador inicia después de la perforación inicial. Mediante la inyección de arena, químicos y agua, se mantienen abiertas por más tiempo las fracturas (o grietas) abiertas por la perforación inicial, permitiendo mayores rendimientos de extracción. Algunas organizaciones ecologistas han alegado contaminación de los químicos a las fuentes de agua subterránea pero nada de eso ha sido probado.

Estados Unidos es de los pocos países, sino el único, cuyo subsuelo es considerado privado, es decir, pertenece al dueño del suelo y no al Estado. Los derechos de propiedad sobre los minerales se definen con base en la regla de la captura: quien extrae el recurso y lo lleva hacia la superficie es legítimo dueño. Sólo en Pavillion, Wyoming, un pequeño poblado de 250 habitantes, operan 125 pozos en un área no mayor de 15 kilómetros cuadrados. La propiedad privada del subsuelo y el respeto de instituciones económicas como la regla de la captura han sido los incentivos necesarios y suficientes para generar el boom energético en Estados Unidos y en consecuencia, una parte de las buenas noticias para nosotros los guatemaltecos.

Lamentablemente, en Guatemala seguimos considerando el subsuelo como Estatal y continuamos aplicando legislación perversa a la explotación de nuestros recursos minerales. Si bien es cierto el marco legal energético genera algún grado de competencia y la matriz energética nacional se ha diversificado, siendo hoy por hoy la “renovable”, una fuente importante, es oportuno advertir que las instituciones que han estimulado dicho desarrollo son más políticas que económicas. La Ley de Incentivos para el Desarrollo de Proyectos de Energía Renovable, la discrecionalidad de las municipalidades en la fijación de precios por alumbrado público y la Ley de Tarifa Social contribuyen sólo artificialmente a la baja en el precio de la energía. Estas leyes y mecanismos representan más burocracia, privilegios y distorsión del sistema de precios, dejando el esquema en manos del poder ejecutivo, quienes generalmente ostentan intereses políticos.

Si generamos un marco de condiciones en el cual converjan la innovación y el emprendimiento, estas noticias serían probablemente más frecuentes y estables y no fortuitas e inciertas. “Si los innovadores pueden seguir creando cosas nuevas más rápido de lo que los reguladores puedan destruirlas, nuestro futuro será sin duda de buenas nuevas todos los días”…así piensa John Stossel y yo quiero creerlo.



Jorge David Chapas es empresario forestal, fundador y CEO de Rana; amigo del CEES y del PERC.