El pinabete, ¿cómo realmente conservarlo?

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Por Jorge David Chapas | Artículo publicado originalmente en la revista ENJOY en Noviembre de 2017.


En diciembre de 2016 autoridades de la Dirección de Protección de la Naturaleza (DIPRONA) y el CONAP (Consejo Nacional de Áreas Protegidas) capturaron a 3 personas con un cargamento de 235 mil ramillas de pinabete valuadas en 1.2 millones de quetzales. El decomiso fue el más grande de la historia probablemente, pero ¿es moralmente reprobable el contrabando de ramilla de pinabete? ¿cómo realmente conservar esta especie y a la vez aprovechar su aroma único en el mundo?

El Abies guatemalensis o pinabete es, como lo refiere su nombre científico, un árbol endémico de Guatemala, es decir, su distribución natural se limita a Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos y Huehuetenango, lo cual lo hace único en el mundo. Su aroma ha impregnado por décadas los hogares guatemaltecos durante las navidades haciéndolo muy apetecido durante la época.

Lamentablemente, prohibir su uso ha sido la idea prevaleciente en la política pública forestal y de áreas protegidas. El INAB y el CONAP, amparados en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), restringen el comercio de este árbol, logrando únicamente con ello que florezca el mercado negro.

El contrabando, en cualquier ámbito que se le vea, es la salida natural a la inhabilitación moral y jurídica de ciertos intercambios. Porque cuando la oferta y la demanda se encuentran poco queda por hacer, siempre alguien valorará en menos el riesgo y en más la oportunidad de ganancia. Los precios del bien suben y más temprano que tarde se agotará o deteriorará, pues no existe ningún incentivo racional y moralmente bueno para conservarlo.

Tampoco el marchamo blanco como medio para verificar la legalidad de los árboles que vienen de plantaciones voluntarias ni los subsidios forestales sirven como medidas de política; el primero constituye una barrera de entrada al mercado y el segundo constituye un privilegio que favorece la competencia desleal. Ambos distorsionan los precios en el mercado y propician el contrabando.

“Si destruyes el mercado libre, creas un mercado negro. Si creas diez mil regulaciones destruyes todo el respeto por la ley” enseñó algún día Winston Churchill. Si los guatemaltecos verdaderamente queremos atacar la causa de la extinción de esta especie forestal, debemos apostar primero por excluirla del CITES, y segundo, privatizar las áreas protegidas mediante la derogación de la ley de áreas protegidas (Decreto 4-89) y la ley forestal (Decreto 101-96). Ello rehabilitará moral y jurídicamente su aprovechamiento y comercialización, pero también generará el incentivo correcto para conservar los bosques de pinabete, logrando incluso y ojalá, que sea conocida en todo el mundo mediante su exportación. Solo bajo el incentivo moralmente bueno de la propiedad privada lograremos que esta especie, única en el planeta, siga aromatizando nuestras salas y por supuesto beneficie económicamente a miles de guatemaltecos pobres que viven en nuestro altiplano occidental. ¡Piensa y actúa!



Jorge David Chapas es ingeniero agrónomo y economista ambiental. Fundador y CEO de Rana. Padre homeschooler, empresario, docente y político liberal clásico.