El Cambray 2: soluciones privadas de prevención y respuesta

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Por Jorge David Chapas | Octubre 7, 2015


Aquella noche del jueves 1 de octubre soñé que moría. Mi nuevo colaborador conducía rápido. Giró violentamente en una curva y el vehículo derrapó, volcando y yéndose al fondo de un gran barranco. Suele suceder que en esas pesadillas, el tiempo se suspende y el espacio se torna obscuro…así fue. Desperté de súbito y angustiado. Minuto más tarde una verdadera tragedia me terminaba de inquietar, la del Cambray 2, y se mezclaba con aquel sentimiento de tristeza y pesar.

Sólo imaginar aquellos momentos vividos por esos guatemaltecos es ya un esfuerzo doloroso. Aquella pesadilla me lo recordaba constantemente. Pero, ¿porqué ocurren aquellas tragedias? ¿Porqué una y otra vez? Se convierten en tal porque hay seres humanos a su paso. De no haberlos poco hubiese llamado la atención de los medios. Pero entonces, ¿porqué se asientan personas en esas áreas denominadas de alto riesgo? Esta tiene una respuesta fácil: no tienen los recursos para vivir en áreas más seguras.

Las personas no tienen suficientes ingresos porque la economía no es libre. Libre de reglamentaciones, protecciones y privilegios (ProBosque); más bien se encuentra sofocada por impuestos y burocracias que hacen muy cara la actividad productiva; quienes logran eludir aquellas trabas son informales. Estos tienen libertad pero no capital, por no ser susceptibles de crédito o préstamos. Las empresas formales en cambio, tienen capital pero no libertad. Deben sortear un sinfín de trabas y reglamentos (e.g. salario mínimo, aduanas, etc.) que finalmente los hace poco expansivos. Así, no hay empleo productivo suficiente, y el que hay es poco remunerado.

De aquellas condiciones deriva la pobreza, la violencia (maras) y la marginación. Aquellos, hoy fallecidos, no vivían en el Cambray 2 por convicción.

De existir un gobierno limitado a sus funciones propias (seguridad, justicia y algunas obras de infraestructura), los fenómenos naturales dejarían de ser “desastres” y su impacto sería menor. Hoy, todos acusan desde el alcalde municipal hasta la CONRED y SEGEPLAN. Pero estas instituciones de planificación centralizada no son capaces de prever ni responder como sí lo harían las empresas y la colectividad en lo privado, o sea, el mercado.

El gobierno siempre se excusa en bajos presupuestos y burocracia, y de esa cuenta, generalmente la reacción es tardía o inexistente. La supuesta benevolencia de los gobiernos en estos menesteres además genera incentivos para la corrupción…sino veamos las casas tipo Baldetti de hace pocos años y la corrupción voraz derivada de las compras por excepción y los estados de calamidad decretados.

En un sistema de libre mercado, los precios de la tierra reflejarían la escases y los potenciales riesgos. En áreas donde los riesgos son altos, los precios serían equivalentes y el incentivo de comprar disminuiría. En dado caso, el interesado habría de confrontar la historia local de desastres naturales, la eficacia y los costes de las medidas de prevención y la viabilidad de optar por un seguro. En Guatemala, los lugares de más alto riesgo (laderas, montañas, riberas de ríos) son del Estado, por tanto su coste es cero o muy bajo. El incentivo por apoderarse de estos bienes públicos es alto y ocurre la Tragedia de los comunes; esta vez ocurrió literalmente. Estas áreas son susceptibles de invasión o generalmente las perversas políticas de vivienda obligan a ubicar ahí asentamientos y áreas marginales. Por esta razón, hay miles de comunidades y asentamientos que distan tan poco de tragedias similares o peores.

Bajo un sistema de libre mercado, propiedad privada y gobierno limitado, surgirían fondos privados para desastres. Mediante seguros u otros instrumentos financieros (bolsa de valores), las empresas responderían de forma más rápida y eficaz, mediante el ético incentivo del lucro, ya sea ante un eventual desastre o mediante medidas de mitigación del riesgo (bermas, bioingeniería, barreras de contención, cortes y rellenos, etc.).

Habrían sistemas de alerta eficaces y probados mediante correcta investigación, programas de socorro y atención profesional a las víctimas, maquinaria especializada disponible “inmediatamente” y mecanismos para que la caridad privada fluya aún mejor. En terremotos y huracanes, las carreteras privadas y los sistemas de cableado subterráneo serían soluciones privadas de mercado, puesto que el empresario sería el más interesado en restaurar rápidamente los servicios. Estos últimos, incluso, repercutirían naturalmente en el paisaje, y por tanto, en el sector turismo.

Hoy, no queda más que rezar por la resignación de aquellas familias y en lo posible, ayudar materialmente, pero es impostergable cambiar nuestras formas de pensar…sólo de esa manera obligaremos a los políticos a cambiar el perverso Sistema que nos mantiene vulnerables.



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute.