El Cambio Climático nos ha costado la Tierra

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Por Matt Ridley | Publicado originalmente en inglés en el diario The Times | Diciembre 12, 2016

La ley que ha introducido un montón de costosos subsidios para la energía renovable nos dejará £300 billones más pobres para el 2030.


Por medio de tres fuentes ahora sabemos que la política Británica de cambio climático y energía no solamente es cara sino que también ha sido presentada de manera deshonesta. Peter Lilley, Miembro del Parlamento, un antiguo miembro del gabinete del ministro, sorprendentemente hábil para los números, ha escrito un nuevo reporte devastador para la Global Warming Policy Foundation (Fundación para la Política de Calentamiento Global) sobre los costos de la Ley de Cambio Climático Británica de 2008. Este revela “en el mejor de los casos analfabetismo económico y en el peor de los casos un engaño deliberado” por parte del gobierno.

Esto se da porque la Oficina de Auditoría Nacional le ha pegado en los nudillos al gobierno por su “falta de transparencia (la cual) le ha quitado autoridad frente al Parlamento y frente a los consumidores” en relación a la política energética. Y un director no ejecutivo del antiguo Departamento de Energía y Cambio Climático (DECC por sus siglas en inglés), Tom Kelly, encontró una subestimación sistemática de los costos de la política así como una “debilidad en el arreglo gubernativo original que no fue rectificada con el paso del tiempo, una falta de transparencia y una tendencia a un pensamiento grupal.” No es de extrañarse que el DECC se esperara 1 año para lanzar el reporte de Kelly.

Mr. Lilley calcula que, y esto es una estimación conservadora, la Ley de Cambio Climático costará para el año 2030 £300 billones. Esto es un monto gigantesco sustraído de las ganancias de los británicos. Lo peor es que, este gasto ha sido forzado por ley, lo que implica que hay otras inversiones productivas en las cuales ha podido ser usado. Ciertamente, este gasto será desaprovechado incluso en sus propios términos: Mr. Lilley señala que con el cambio de carbón al gas, así como la recesión, cortaron las emisiones, mientras que la prisa hacia las energías renovables, apenas ha impulsado algunas en el extranjero.

“El gobierno también asumió que el precio de los combustibles fósiles aumentaría.”

Peor aún, Mr. Lilley encontró que fuentes del gobierno han escondido y quitado importancia al costo de las políticas del clima. Por ejemplo, números oficiales restan importancia al “sistema” de costos intermitentes de las energías renovables, como la necesidad de subsidiar los combustibles fósiles en la red eléctrica donde sólo se necesitan como un respaldo. El gobierno también asume –erróneamente– que el precio de los combustibles fósiles solamente aumentará, haciendo que los subsidios verdes se vean menos costosos. Por el contrario el precio ha bajado rápidamente.

E incluso el estimado de £300 billones omite los costos del transporte de los biocombustibles; ignora la parte de Gran Bretaña en el presupuesto de la Unión Europea, de la cual por lo menos el 20 % es gastado en “políticas y proyectos relacionados con el clima”; no incluye desarrollos internacionales (aunque el Dfid gastará por los menos £25 billones para el 2030); y excluye los costos de haber hecho la industria de Gran Bretaña menos competitiva.

Cuando Ed Davey, el secretario de energía, escribió acerca del “impacto de todas las políticas de energía y cambio climático en las facturas de los servicios” resulta que él se estaba refiriendo solamente a los costos directos en las cuentas individuales de energía y había omitido los dos tercios de los costos que recaen en las facturas de los negocios que luego, éstos trasladan a los consumidores en costos más altos para los productos y servicios. Si un supermercado paga más por la electricidad que utiliza para sus refrigeradores, le cargará un precio más alto a la leche. Cuestionado al respecto por Mr. Lilley, Mr. Davey argumentó extrañamente, que muchos negocios son propiedad de extranjeros, como si eso hiciera alguna diferencia.

Más descarado aún, Mr. Lilley muestra que el gobierno ha estado tratando de pasar un costo como un beneficio. Tanto Mr. Davey como Chris Huhne, su predecesor, argumentan que el costo de la política climática se podría establecer contra los ahorros en la energía nacional, resultado de aparatos más eficientes y un mejor aislamiento, los cuales la gente comprará por las altas cuentas de energía, por consiguiente supuestamente se generaría un ahorro neto.

Sin embargo, mejoras en la eficiencia de la energía serían convenientes incluso si no hubiera preocupación por las emisiones, o de hecho cero emisiones; y además, una ganancia en la eficiencia de la energía usualmente incrementa el uso de la misma – un fenómeno conocido como la paradoja de Jevons. Si se tienen más máquinas que ahorran combustible, las personas hacen más viajes.

Así que, tenemos una política energética que ha impuesto grandes costos a la economía, ha fallado en reducir significativamente las emisiones y fue presentada ya sea de manera deshonesta o de manera incompetente. Los Demócratas Liberales tuvieron a su cargo durante cinco años la política energética y todo esto era por una noble causa – aparentemente la salvación del planeta– puede ser una explicación pero no una excusa. Sin embargo esto no explica la reticencia de los ministros Conservadores a revisar radicalmente estas políticas después que la coalición llegó a su fin.

¿Y dónde estaban los observadores que supuestamente tenían a su cargo la vigilancia de esta política y su efectividad? El comité de cambio climático (CCC) fue creado en la ley de 2008 para asegurar “una respuesta balanceada a los peligrosos riegos del cambio climático” (así dice en su sitio web). Sin embargo éste ha fallado completamente en insistir en una política de clima cuyos costos estén significativamente por debajo de las mejores estimaciones de los daños del cambio climático, conocidos técnicamente como los costos sociales del carbono.

“Nunca he me opuesto a una política de protección climática rentable.”

En una conferencia en el 2013 poco después de haberse convertido en el presidente del CCC, Lord Deben, el anterior ministro del partido Conservador John Gummer, dijo esto del cambio climático, “la probabilidad es casi segura, la escala será definitivamente enorme, el efecto será devastador, y la protección será notablemente barata.” Pero sabemos que estas son tonterías: los costos, como el estudio del Mr. Lilley demuestra, son enormes por sí mismos, y son en realidad mucho más altos que los cálculos del mayor número de daños del cambio climático. Nadie paga primas de seguro mayores que las más grandes posibles pérdidas.

Mr. Lilley ha sido ridiculizado por ser uno de los tres miembros del Parlamente del partido Conservador que votaron en contra de la Ley de Cambio Climático de 2008, así que talvez él tenga un interés personal. Yo también lo tengo, como alguien que tiene un interés comercial en una mina de carbón y como alguien que piensa que los riesgos del cambio climático, aunque reales, han sido exagerados. Nunca me he opuesto a políticas de protección climática rentables y estaría encantado de ver todos los subsidios e impuestos reemplazados por un simple impuesto sobre el carbono para estimular innovaciones bajas en carbono, y no castigar a las personas por hacer lo que en el presente no pueden evitar, específicamente usar recursos de energía a base de carbono.

Pero incluso en palabras de los verdaderos creyentes –en serio, especialmente en esos términos – La Ley de Cambio Climático ha sido desastrosa. En la elaboración de su política energética dominada por el clima, el gobierno ha procedido como si el costo no fuera importante. Esto es económicamente irracional, moralmente equivocado y políticamente ingenuo. Ha puesto innecesariamente a la política climática en un rumbo de colisión con la opinión pública. No es un accidente que Donald Trump haya pasado de ser defensor de una acción contra el clima a aceptar de brazos abiertos el escepticismo cuando decidió lanzarse como presidente. Para los Americanos del “Cinturón del óxido” (rust-belt), para las familias británicas que apenas sobreviven, por no hablar de los votantes similares de Alemania, Japón y de cualquier otra parte, este es un ejemplo obvio de una ley de élite que es injusta, costosa e inútil.



Matt Riddley es un escritor científico, empresario y hereditario Conservador en la Cámara de los Lores en Reino Unido. Conocido por sus publicaciones científicas y económicas como The Rational Optimst.