Deforestación y degradación (III)

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Por Jorge David Chapas | Agosto 11, 2014


En mis dos artículos anteriores sobre deforestación y degradación he intentado presentar lo que a mi juicio, constituyen las verdaderas causas del problema. En franco cuestionamiento a la visión tradicional de la mayoría, condensada de forma clara por Marcela Gereda en su nota del 30 de junio en elPeriodico, he dicho que la sobreregulación es una de ellas, la implementación de políticas públicas perversas otra muy importante. En esta última entrega esbozaré quizás la más relevante: la ausencia de riqueza.

“La pobreza es el estado natural del hombre, no tiene causas; la riqueza, en cambio sí las tiene” expresó en algún momento, no sé si originalmente, Armando de la Torre. Y pienso que definitivamente no erraba. La deforestación y la degradación de los bosques no tiene causa en la “falta de conciencia” ni en “venta abusiva de madera” como dice Gereda, reitero. Tiene sus causas en la ausencia de riqueza, materializada en ausencia de oportunidades de empleo e inversión en el área rural del país.

Al tener los recursos necesarios las personas dejarían de depender, gradual y progresivamente, del uso de la leña para la cocción de alimentos y el calentamiento de los hogares, práctica que refleja la precariedad de nuestra economía y que constituye más que una causa, la consecuencia misma de la pobreza y la miseria. En este rubro es urgente reconocer el daño que ejerce la existencia de un salario mínimo, los pactos colectivos y en general, las perversas políticas laborales de nuestro país.

Flexibilizar precisamente las políticas laborales, no entorpecer con trámites la creación de empresas, apostar por la descentralización fiscal y la reducción al mínimo de los impuestos podría provocar un shock de inversión a todos los niveles, no sólo inversión extranjera sino nacional (pequeña, mediana y grande). El problema macro debe enfrentarse con políticas macro. La mayoría de políticas públicas para evitar la deforestación han fracasado y seguirán fracasando de no advertir las únicas reformas necesarias, las económicas y jurídicas esenciales. Además la propiedad de los bosques debe ser plenamente reconocida, puntualmente definida y jurídicamente garantizada para que cualquier usurpación ilegítima o daño pueda ser resarcido y castigado por la ley.

Insisto, no es “diseñando programas masivos de reforestación”, ni creando más programas de incentivos forestales (a propósito de proBosque y PINFOR). Tampoco se reduce la deforestación aumentando las sanciones ni emitiendo acuerdos de gerencia (a propósito del acuerdo de gerencia de Inab # 38-2008) que entorpecen el libre uso de la propiedad y el manejo forestal voluntario.

Milton Friedman nos recuerda que “las soluciones gubernamentales a los problemas, usualmente son tan malas como el problema”. Las soluciones a la deforestación yacen en los ciudadanos, en la capacidad emprendedora mediante el ejercicio de su libertad y su propiedad, pero primero es necesario establecer las premisas correctas y cambiar de opinión.

Post Scriptum. Un sistema de justicia independiente, probo y diligente es también indispensable para la creación de riqueza, y por tanto para disminuir la deforestación y la degradación de los bosques. Lamentablemente, el sistema de elección mediante comisiones de postulación es perverso y proclive a intereses sectarios, no abona en nada al ideal de una verdadera República.



Jorge David Chapas es co-fundador y director de Rana, agrónomo especialista en bosques y economía ambiental, amigo del CEES y alumno del PERC.