Ambiente y el sector agro en Guatemala

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Por Jorge David Chapas | Marzo 26, 2014


En días anteriores asistí a la presentación de la Política Ambiental del Sector Agro. La actividad fue muy breve y reservada para algunos productores y empresarios, representantes de algunas organizaciones e instituciones de investigación y otros actores afines al sector.

Muchas opiniones me surgen entonces al respecto. En principio, retomaré del Contexto del documento que se nos fue entregado una premisa que debemos cuestionar: “Los recusos, tales como el suelo, agua y aire, son tomados como base para [actividades productivas]; sin embargo, la característica común de estos recursos es la no renovabilidad y el agotamiento”. Estos recursos más bien son recursos naturales Renovables, es decir, su tasa de regeneración es posible durante un período relativamente corto de tiempo. Los minerales, por ejemplo, sí son recursos considerados No Renovables dado que su tasa de regeneración, en función de tiempo, es relativamente larga para ser nuevamente utilizado.

Este concepto de la renovabilidad o no renovabilidad de los recursos está anclado a un paradigma digno de cuestionar: la escasez. Ciertamente el planeta tiene límites, pero ésta condición no implica necesariamente la escases o “agotamiento” de los recursos. La escases relativa está finalmente determinada por los precios, así por ejemplo, el carbón fue relativamente escaso, condición reflejada en sus altos precios, pero ello sólo previamente al descubrimiento de los combustibles fósiles. Cuando esta tecnología inició a permear la actividad industrial, el precio del carbón bajó significativamente reflejando así su relativa abundancia. Julian Simon y Paul Ehrlich protagonizaron una apuesta sorprendente en la que venció el primero y en la que demuestra cómo los recursos naturales (no renovables) no son escasos por el mero concepto biológico. Sugiero entonces revisar esta premisa.

El segundo tema que me motiva comentar del documento “Lineamientos básicos ambientales para el desarrollo sostenible del sector Agro” es el hecho de considerar como “enriquecedoras” las 19 leyes ambientales, entre decretos legislativos, reglamentos, políticas, acuerdos gubernativos y ministeriales y normas específicas, la normativa internacional y certificaciones, y los 28 convenios a los cuales está suscrito Guatemala desde los años 70 en temas ambientales. Para mí esto es cuestionable cuando uno observa la realidad: alta tasa (neta) de deforestación, contaminación de ríos y lagos, escases de agua para el consumo doméstico, mercado “ilegal” de especies de fauna, invasión de áreas protegidas, paro de labores en parques nacionales, alto consumo de leña y erosión. En más de cuarenta años, estas leyes y convenios internacionales simplemente no han dado los resultados esperados.

El consentir un enfoque de comando-y-control reflejado en un vasto marco legal es aprobar, en principio, el positivismo-jurídico, una visión que supone que mediante decretos y normas los problemas serán solucionados; y luego, es aprobar el concepto de “bienes públicos” que subyace a los recursos naturales. Así, el aire, el agua, la biodiversidad, el suelo, entre otros, son recursos que hemos considerado como bienes que deben ser tutelados por el Estado (la corona, el rey)…vaya tradición colonial que heredamos y que se concreta en el artículo 121 de nuestra Constitución!

Así las cosas, la política ambiental del sector agro, pienso, deja fuera aspectos más fundamentales para el desarrollo de las actividades agroindustriales y ello se resume en claros derechos de propiedad sobre los recursos naturales. Las “Actividades que no se deben realizar” y “¿Cómo se mitiga?” cada uno de los impactos en estos recursos son enunciados que definitivamente son importantes pero que deben surgir espontáneamente porque existe una demanda real, porque es eficiente (que a propósito parece ser una intención latente) y no precisamente porque hay convenios o un marco legal basado en premisas cuestionables o pseudo-ciencia (e.g. cambio climático).

“Producir alimientos para el mundo, generar empleo productivo, digno y sostenible en Guatemala” es un acto empresarial importante para el crecimiento y la generación de riqueza, pero éste debe fundarse sobre premisas correctas y ésa es precisamente mi sugerencia.


Jorge David Chapas es director ejecutivo de RedRana, ingeniero agrónomo con especialidad en recursos naturales y maestro en economía ambiental, investigador asociado al CEES y ex-alumno del PERC Enviropreneur Institute.