Agua

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Por Ramón Parellada | Originalmente publicado el 28 de abril de 2010 en el diario Siglo 21.


Ha llegado a mis manos un interesantísimo reporte especial sobre el agua publicado por la “National Geographic” en este mismo mes. Al leerlo sigo pensando que el agua, especialmente la dulce, es un bien escaso, la solución para que alcance para todos y no falte es el establecimiento de derechos de propiedad privada bien claros, definidos y protegidos así como la libertad en establecer precios de mercado sin intervención de ningún gobierno.

Según este reporte, el mundo tiene muchísima agua pero el 97% es salada. El 3% restante es dulce. De esta cantidad, casi el 70% está contenida en hielo y nieve. El restante 30% de agua dulce es el que utilizamos para nuestros cultivos, para la industria y para uso personal.

El agua dulce que utilizamos está en lagos, ríos y en el subsuelo. Y también es claro que cada año se renueva esa cantidad de agua gracias a las lluvias. Sin embargo, ocurre que en la gran mayoría de países donde la escasez es más crítica se ha subsidiado el uso de agua y prácticamente se otorga al usuario sin que pague el verdadero costo por tenerla entubada y potable en sus casas. En Estados Unidos mucha agricultura existe debido a que los agricultores consiguen el agua casi en forma gratuita pero esto va a cambiar en el futuro.

Garret Hardin escribió en 1,968 un artículo titulado “La tragedia de lo Comunal” en el que afirmaba que si una propiedad es comunal y no se administra como si fuera propiedad privada entonces va a ocurrir una sobreexplotación del recurso escaso de esa propiedad, agotándola. Esto lo explicó con un pastizal donde los usuarios en común metían la máxima cantidad de ovejas sabiendo que si no lo hacían ellos otro lo haría así que el primero que se aprovechara de ello saldría ganando pero dejaría agotado el pastizal. Así, ese recurso ya no podía seguir alimentando a más ovejas o ganado. Con el agua ocurre lo mismo, si vemos una fuente de agua que es de uso común a todos y no nos cuesta nada la explotaremos hasta agotarla.

Considero que la solución, para que el agua no se sobreexplote, es que tenga el precio de mercado que indique su escasez relativa. Esto sólo se puede lograr estableciendo con claridad los derechos de propiedad privada del agua. Así, si alguien quiere agua para un cultivo tendrá que efectuar su cálculo económico a modo de evaluar si vale la pena o no regar por inundación o bien buscar una forma más eficiente de riego que implique utilizar tecnologías modernas de acolchados plásticos con riego por goteo, por ejemplo o cambiar de cultivo.

De la misma manera, si yo tengo agua entubada en mi casa y el precio es menor al del mercado no me importará sobreutilizarla y posiblemente desperdiciarla. Si el precio es el de mercado fijado por la oferta y la demanda entonces haré un uso más racional de la misma.

Tom Bethell, en su libro “El Triunfo más Noble” afirma que el establecimiento de la institución de la propiedad privada hace a las personas más responsables de sus propias acciones. Este sistema garantiza que las personas sufran las consecuencias de sus propios actos. Es obvio que en el caso del agua serán más racionales en su uso de acuerdo a sus posibilidades y presupuesto que es lo que los va a motivar a economizarla.

El agua como bien escaso en este mundo no debe ser tratado en forma diferente a cualquier otro bien escaso. La mejor forma de cuidarla y que alcance para todos es precisamente bajo un sistema de mercado y de propiedad privada.



Ramón Parellada es empresario y catedrático universitario. Director del CEES y cofundador de Rana.