Acuerdo de París: tierno y letal

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Por Jorge David Chapas | Diciembre 16, 2015

Cuenta el senador republicano por Oklahoma, James Inhofe, que cuando él participó en 2009 en la COP15 (Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático) en Copenhague, preguntó a un burócrata de Benín, un pequeño país del oeste de África, “¿qué haces aquí…no me digas que crees en estas tonterías?” Él respondió: “claro que no…lo que pasa es que aquí hay en juego muchos millones de dólares y nosotros queremos ver si tomamos algo; además, ¡esta es la mejor fiesta del año!”. El senador rió.

¡Y así fue...esta vez en París! Millones de dólares—calculo como mínimo, unos 240, mantuvieron a 40,000 alarmistas en escena. Como era de esperarse, todo pagado con dinero proveniente de tus impuestos (coerción). ¿Y para qué? Para “sostener el aumento de la temperatura media global por debajo de 2ºC por encima de los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar el aumento de temperatura de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, reconociendo que esto reduciría significativamente los riesgos y los impactos del cambio climático”.

¿Cómo es posible semejante arrogancia?

Hemos reiterado en innumerables artículos con referencias a papers científicos que el dióxido de carbono o CO2 no determina la temperatura. Nunca lo ha hecho en el pasado. ¿Cómo es posible que nosotros los seres humanos nos creamos en la capacidad de “sostener el aumento de la temperatura media global”? ¡Como si en nuestras manos estuviese la capacidad de modificar los patrones físicos de comportamiento de ecosistemas tan vastos como tan complejos como los océanos, la atmósfera, los volcanes y el sol…sí, hasta un astro!

El tierno Acuerdo de París, no es más que una larga lista de deseos (29 artículos y 131 párrafos) basados en la voluntad de las Partes: límites voluntarios de emisiones, evaluaciones voluntarias de progreso, sin supervisión internacional sobre el cumplimiento del progreso voluntario, y lo más importante, contribuciones voluntarias al gran fondo de “redistribución” o Fondo Climático Verde (Green Climate Fund).

Lo único vinculante al final es el envío quinquenal de propuestas sobre la Contribución Prevista y Determinada a Nivel Nacional (o INDCs, por sus siglas en inglés). Pero los alarmistas “celebran” el tierno acuerdo puesto que no pueden reconocer que semejante Fiesta nuevamente ha sido un fiasco para sus ideales de “imponer” límites de emisión a Estados Unidos, China e India. En Estados Unidos ya el senador James Inhofe ha hecho lo propio en aclarar que el Acuerdo de París debe ser aprobado por el Congreso y ahí los republicanos medirán fuerzas. Ya lo demostraron con el Protocolo de Kioto.

Los políticos republicanos saben muy bien que recortar las emisiones de dióxido de carbono en un 80% para 2050 tendrá efectos adversos para la economía estadounidense, con la consecuente destrucción masiva de empleos y la reducción de estándares de vida para la clase media, los más pobres y la clase trabajadora norteamericana. Saben también que la implementación “completa” del Plan de Energía Limpia formulado por la EPA (Agencia de Protección Ambiental) traerá consigo una irrelevante e indetectable reducción de 0.02ºC en la temperatura media global para 2100. Ya el sueco Bjorn Lomborg ha dicho lo mismo. China e India no están lejos de aquel análisis, pues claramente fijaron postura de no considerar limitar sus emisiones sino hasta el 2030.

Según Paul Driessen, analista del Comité para un Mañana Constructivo, y el Dr. Robert Bezdek, reconocido analista internacional sobre temas de energía, a los alarmistas les cuesta reconocer que existe una fuerte correlación entre el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita y el consumo energético basado en combustibles fósiles. Estos expertos sostienen que recortar las emisiones en la medida que el Acuerdo de París propone haría que se desplomara el PIB per cápita promedio mundial de US$30,600 al año (valor proyectado para 2050), a la miserable cantidad de US$1,200 al año. Es decir, un estándar de generación de riqueza equivalente a lo generado por un norteamericano promedio en 1830. ¡Sí…retrocederíamos 2 siglos!

De ser vinculante, que no lo es, el Acuerdo de París sería letal para los más pobres, pues la matriz energética mundial depende, todavía y por mucho tiempo más, en un 81% de combustibles fósiles y sustituir esa fuente con energías renovables es sumamente caro (sobre este tema leer el excelente análisis del profesor Luis Ignacio Gómez), aún con Bill Gates y Cía. a la cabeza de los paladines de la falsa filantropía. La energía basada en combustibles fósiles es esencial para llevar electricidad a los más de 1,300 millones de personas en el mundo que aún no la tienen, y así empezar a mitigar verdaderamente la pobreza y las millones de muertes al año causadas por enfermedades pulmonares e intestinales. Negarla o restringirla es inhumano y hasta inmoral.

Mientras los republicanos en Estados Unidos, China e India definen el camino de cara al futuro energético del planeta, en Guatemala y los países latinoamericanos hay poco que esperar. Seguramente la clase política demagoga que tenemos se alineará a los intereses de Naciones Unidas y todos ratificarán el Acuerdo de París entre abril de 2016 y abril de 2017. Se doblegarán ante la ciencia corrupta del IPCC y seguirán sacrificando las vidas, la productividad, la propiedad y la libertad de los ciudadanos.

Cuestionar el mantra climático como lo ha hecho valientemente Rana en Guatemala es impostergable, pero mientras esos esfuerzos políticamente incorrectos empiezan a ganar escépticos lo que queda es divertirse; te dejo un avance de Climate Hustle, la cinta que estrenara Marc Morano y un grupo de escépticos en el histórico Cinéma du Panthéon de París, en el marco de la COP21. Mientras la cinta llega a America Latina, que lo hará…te invito a observar con pena y serenidad el caos económico, político y social que se avecina por la implementación del tierno pero letal Acuerdo de París.



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute. Sus artículos son publicados en República.gt, Rana, Diario AltaVoz (Perú) y Notiminuto (Venezuela).