¿Una reforma fiscal "verde"?

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Por Jorge David Chapas | Artículo publicado originalmente en el diario digital República el 23 de agosto de 2017.-


Una de las últimas embestidas del socialismo verde nos llega de parte del Ministerio de Finanzas, el cual, a través de su Dirección de Evaluación Fiscal, ha lanzado la perversa propuesta de aprobar nuevos impuestos, esta vez con el argumento “verde” de fondo.

La propuesta de Reforma Fiscal Verde (RFV), que se registra en el blog del citado Ministerio, y que luego promueven activistas de ONGs de izquierda (i.e. ASIES) en “prestigiosas” revistas empresariales (i.e. Forbes) supone que “alentará, desalentará o impulsará conductas por la vía económica bajo los aspectos de interés socio-ambiental”, además de “activar el crecimiento económico”. Ni lo uno, ni lo otro; este tipo de reformas degeneran, más temprano que tarde, en búsqueda de rentas, corrupción, deterioro ambiental y obstaculización del crecimiento económico.

Erróneos conceptos y argumentos, muchas mentiras, y hasta neo-lengua plagan esta nueva embestida socialista. En principio, cuestionar el famoso concepto de “externalidad” (planteado originalmente por Alfred Marshall) y luego desarrollado por Arthur C. Pigou; de hecho, a este tipo de reformas fiscales se les denomina soluciones “pigouvianas” (se lee pilluvianas). A este último economista inglés se le debe el teorema que justifica la intervención gubernamental vía impuestos para aplacar las externalidades (todo aquel efecto, positivo o negativo, que impacta a terceros y que no se incluye dentro de la estructura de costos del emisor). Pero aquel teorema fue aceptado hasta 1960 –imagínese lo atrasado que andan los “economistas” del MINFIN– pues Ronald Coase, también inglés, demostró desde entonces, que ni los impuestos ni los subsidios son necesarios si se facilita que las personas puedan cooperar e intercambiar por sí mismas.

En este sentido el aporte singular que hiciera mi profesor y amigo Terry Anderson del PERC es importante: lo que hoy se entiende por externalidad en realidad es ausencia de propiedad privada. En efecto, todos aquellos espacios naturales a los cuales se aduce una “externalidad” (positiva o negativa) son propiedad estatal (nacional o municipal), concebidos como bienes públicos y a los cuales, además yo agrego, no alcanza la Justicia.

La embestida es tal que estos rojos vestidos de verde ahora dicen “analizar las opciones más viables para incorporar instrumentos fiscales que contribuyan a complementar los esquemas tradicionales de regulación directa”. O sea que, las actuales prohibiciones, regulaciones, burocracia, impuestos y régimen de permisos y licencias no bastan. ¿Cuál crees que es la causa de la falta de inversión, de empleo, de generación de riqueza y, en consecuencia, de la marginalidad, pobreza, violencia y corrupción? Precisamente esas malas leyes ambientales, forestales y de áreas protegidas. Precisamente son esas las que otorgan poderes ilimitados al gobierno, las que restringen y asfixian los mercados y las que eliminan la propiedad privada.

“El que contamina paga” dicen pronto los estatistas, a lo cual yo digo sí, pero sin intermediarios gubernamentales. Sí, de acuerdo a contratos previamente establecidos, de forma pacífica y voluntarios. Al fin y al cabo, ¿por qué habríamos de pagarlo a ustedes? Coase y los economistas de la escuela de las decisiones públicas también demostraron que el gobierno falla y a diferencia de las fallas del mercado, en aquel se socializan las pérdidas y se concentran las ganancias.

Arguyen también que esta reforma “debe proveer incentivos”. Estribillo propio del mercantilismo que realmente lo que busca son “privilegios”. ¡Guatemaltecos, ya basta de privilegios! Sostengo que el único y mejor incentivo para conservar los recursos naturales, sin menoscabo del proceso de creación de riqueza, es el irrestricto respeto a la propiedad privada, los mercados libres y un gobierno limitado a sus funciones propias de seguridad, justicia y obras de infraestructura física.

De neo-lengua hay mucho en la propuesta de reforma; primero acuden a llamar “precios” a los impuestos. Se lee: “La fortaleza particular de un instrumento fiscal dependerá en todo caso de la intensidad con que estas señales de precios […]”. Los impuestos no son “señales de precios”, son impuestos, y debiesen servir únicamente para las funciones propias del gobierno. Así mismo, apelan al término “economía circular”, el cual fuera creación de dos ingleses en 1980, quienes en franca contribución a los supuestos problemas ambientales generados a partir del uso de combustibles fósiles introdujeran la idea de un proceso circular, acotando con ello la famosa fórmula del reduce-reusa-recicla. Neo-lengua a lo Orwell. Este concepto es uno más de los muchos que sirven para denigrar el capitalismo y los mercados libres, para hacerle ver mal, cuando en realidad las 3R ocurren de manera espontánea cuando al mercado se le deja precisamente libre.

Pero nada de esto debe sorprendernos. La lógica estatista siempre ha sido la misma, en palabras de Ronald Reagan: si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo; y si deja de moverse subsídialo. Por cierto, vale dar a conocer que en Australia y en muchos otros países ya se han intentado impuestos ambientales (e.g. al carbón), dando muestra que solo han servido para los males que enunciaba antes. Si queremos un ambiente más limpio debemos adherir a las ideas de Coase, reduciendo así los costos de transacción en el único sentido posible: gobierno limitado, mercados libres e irrestricto respeto a la propiedad privada.



Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana. Miembro del Foro Liberal de América Latina y del movimiento FAMilia 5 Reformas Guatemala. Sus columnas se publican en diversos medios digitales en América Latina.