La ética de los combustibles fósiles

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Por Alberto Mansueti | Publicado originalmente en la página de Facebook "Pisando callos" el 26 de diciembre de 2016.-


The Moral Case for Fossil Fuels se titula un libro de 2014 por Alex Epstein, revelador e instructivo, dedicado a todos quienes quieran aprender sobre el tema. Epstein, fundador en 2011 del Center for Industrial Progress (CIP), en Laguna Hills, California, ha sido formado en las ciencias duras, y es “objetivista”: seguidor de las ideas de Ayn Rand.

Apunta Epstein que por varias décadas desde los ‘70, cuando las apocalípticas advertencias del por entonces célebre “Club de Roma”, los eco-mentirosos nos dicen y repiten que los combustibles fósiles son para el planeta una “adicción autodestructiva”, y típica del capitalismo. Contra los injustificados y mentirosos ataques de los ecologistas rojos, su libro defiende la energía fósil, procedente del carbón, petróleo, gas natural, etc., fuentes consideradas “no renovables”, y de las cuales proviene hoy la mayor parte de la energía en el mundo.

La verdad es que el bienestar que hoy disfrutamos, es decir la vida humana, medida con cualquier vara de medir, sea la esperanza de vida, el agua limpia, la disponibilidad de comida, de adelantos médicos y hasta de seguridad contra tormentas y perturbaciones climáticas, ha ido muy bien y cada vez mejor en los últimos 200 años, con el capitalismo industrial, basado en el uso de los fósiles.

Por lo general lo que hacen los alarmistas es mostrar tan sólo un lado del asunto: sólo aspectos negativos de los combustibles fósiles, riesgos, problemas y efectos secundarios. Pero nada de sus aspectos positivos: su capacidad única de proporcionar energía barata y confiable para unos 7 mil millones de personas en el planeta. Y de aquellas “fuentes alternas”, que ellos pretenden imponer, como el sol o el viento, muestran sólo aspectos positivos; nada de sus lados menos favorables.

¿Qué haremos si mañana el Gobierno Mundial de la ONU decide desmontar todo el sistema energético, y las redes instaladas, y prohibirnos usar los fósiles como fuente de energía masiva, confiable y barata para hogares, escuelas, industrias y negocios, como quieren los “verdes”? ¿Qué vamos a comer? ¿Cuánta agua vamos a tener disponible y de qué calidad? ¿Qué pasaría con la ropa, el calzado, el transporte y la construcción? ¿Con la industria farmacéutica, que nos provee medicinas? ¿Y con la minería, que nos apoya con una serie de recursos primarios básicos, metalíferos, gasíferos y petroleros, cuyo empleo en la industria olvidamos con frecuencia, pero allí están, y que se producen y reproducen con energía fósil?

Los nuevos marxistas siguen en su misma labor destructiva de siempre, como salvajes, embistiendo contra el capitalismo industrial, y contra la empresa privada que es su soporte institucional. Hoy la energía es económica y abundante, con capacidad para sostener la vida humana en el planeta. Su significado moral, sostiene Epstein, es terriblemente subestimado: mejora cada aspecto de la vida humana, ya sea económico o ambiental; y eso, desde el punto de vista ético, es moral. La postura de los “ambientalistas” es anti-vida; e inmoral. Si observamos “la gran pintura” y comparamos con las alternativas como la energía solar o eólica, son más caras, intermitentes, menos confiables, y casi todas están en fase experimental o de prueba.

La energía actual hace del mundo un lugar mucho mejor, más cómodo y habitable. Y las empresas proveedoras son una bendición. Epstein muestra algunas eco-mentiras que se repiten acerca de los combustibles fósiles.

(1) “Son sucios y peligrosos”. No es verdad: sus beneficios ambientales superan con creces los riesgos. Los combustibles fósiles no toman un ambiente naturalmente limpio y lo ensucian, es al revés: toman un ambiente naturalmente sucio, y lo hacen limpio. No toman un clima naturalmente seguro y lo hacen peligroso, es al revés: toman un clima naturalmente peligroso, y lo hacen cada vez más seguro.

(2) “Se están agotando”. Mentira: hay enormes cantidades de combustibles fósiles en el planeta, incluso yacimientos no explorados todavía, al menos no completamente, y sobre todo no explotados todavía. En todo caso tenemos largo tiempo por delante para encontrar algún sustituto que sea mejor y más barato, no más dudoso y más caro. (3) “Son insostenibles”. Al contrario: son los más confiables en cuanto a continuidad de suministro. El sol y el viento en cambio son intermitentes, no son continuos, por eso no son totalmente confiables; y por eso es que siempre necesitan respaldo (backup) de una fuente fiable de energía: fósiles.

(4) “Traen explotación y sufrimiento al Tercer Mundo”. No señor: los fósiles son la clave para el desarrollo en los países pobres y producir riqueza masivamente, en Asia, Africa y América latina. “Si los quitamos, el acceso al agua limpia se esfuma, máquinas médicas como las incubadoras y de cuidados intensivos se vuelven inoperables, la comida escasea, y la esperanza de vida disminuye”.

(5) “Sólo son defendidos por las empresas multinacionales, por sus multimillonarias ganancias”. ¡Este es “el queso de la tostada”, como decimos en Venezuela! La energía fósil es pro-desarrollo, y los eco-mentirosos son anti-empresa, anti-capitalismo, y anti-desarrollo. Epstein escribe: "los combustibles fósiles son fáciles de demonizar, pero buenos para usar; y deben ser defendidos, con fundamentos morales.” Así como la industria, la empresa privada, los mercados, el capitalismo y la ética, la energía fósil va en favor de la vida. Con arreglo la vida humana como estándar de valor, su uso es ético.

Agrego: los marxistas atacan la industria, el comercio, la empresa privada, los mercados, el capitalismo y los valores morales judeocristianos, porque todos esos factores van en favor de la vida humana, que es sagrada por ser creada “a imagen y semejanza” de la de Dios. Y todas las izquierdas, rojas y verdes, así como las feminazis abortistas, etc., van en dirección opuesta: contra la vida.



Alberto Mansueti es argentino y politólogo. Autor de varios libros, entre ellos, Las leyes malas y La salida. Presidente del Centro de Liberalismo Clásico y fundador del Foro Liberal de America Latina.