Come sano, pero sin culpa

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Por Jorge David Chapas | Artículo publicado originalmente en la revista ENJOY en Septiembre de 2017.


Es moda actualmente el querer comer sano. Las dietas orgánicas, el vegetarianismo y recientemente el veganismo, entre muchas otras, son regímenes alimenticios que suelen adoptarse por razones nutricionales, éticas o ambientales. Lamentablemente, muchos optan modificar su dieta por esta última razón, desconociendo por completo que entorno a ella existe otra versión de la historia.

El argumento que se esgrime es que el comer carne y productos lácteos, así como productos que contengan “químicos”, es una de las maneras más eficaces para reducir la “huella de carbono” y mitigar, en general, el impacto negativo al medio ambiente. A este argumento subyace la idea de que el dióxido de carbono (CO2 – se lee Ceo2) es malo y que del uso de los combustibles fósiles el planeta hoy experimenta un calentamiento global. Pero nada más lejos de la verdad: el CO2 es la molécula de la vida; es en parte debido a ella que las plantas realizan la fotosíntesis y de allí que puedan constituirse en alimento para el ser humano. Nunca en el pasado el CO2 ha determinado los cambios en la temperatura; de hecho ha sido al revés: la cambios en los patrones de temperatura han influido en las concentraciones de CO2. Esto echa por la borda la teoría del calentamiento global. Y por si ello fuera poco, en los últimos 37 años la temperatura media del planeta no ha subido más de 0.4ºC (Fuente: JR Cristy, University of Alabama), incremento poco significativo con respecto a otros cambios en el pasado.

Sin embargo, en todo el mundo el alarmismo climático ha sido el complemento perfecto del ecologismo mal entendido desde los años sesentas. Este ecologismo se profesa anticapitalista y objeta toda invención humana que ha sido capaz de alejarnos de la naturaleza salvaje. Los fertilizantes químicos, por ejemplo, fueron un adelanto que equivalió a la producción de más alimentos en menos unidad de área. No obstante, estos descubrimientos hoy son denostados y parece que el mundo quiere volver a la era prehistórica, cuando en todo era orgánico, vegetariano y vegano.

La confusión de muchos ingenuos es aprovechada por políticos estatistas (entiéndase por estatismo, la doctrina política que concibe al Estado como responsable y omnipresente en toda esfera de acción humana) quienes, apoyados por la ONU y sus científicos deshonestos, otorgar más atribuciones, poderes y recursos a los gobiernos. Desde ahí, se lanzan con regulaciones y políticas mercantilistas (privilegios), otorgando subsidios, por ejemplo, a la siembra de la soya y productos sustitutos de los lácteos. Ello distorsiona los precios de mercado, crea competencia desleal y una cultura de búsqueda de rentas en la sociedad. Siguiendo esta lógica es evidente que la retórica de la “agricultura ecológica” y la “soberanía alimentaria”, entre otros términos de reciente invención, solo contribuyan al señorío de los gobiernos por sobre los individuos.

De tal suerte, mi invitación hoy es a que te informes y no te dejes engañar por el estatismo inducido ahora hasta en la dieta. Que rechaces el alarmismo climático generador de culpas injustificadas y que consultes a economistas, científicos y nutricionistas honestos, entre ellos, Rana y J.M. Mulet, este último, bioquímico español cuyos libros “Comer sin miedo” y “Los productos naturales ¡vaya timo!” desmontan muchos mitos entorno a la alimentación. Come sano, pero sin culpa y que tus decisiones estén siempre basadas en un análisis racional y el buen discernimiento, pues solo en dicha medida tus acciones serán éticas y saludables. ¡Hasta la próxima!



Jorge David Chapas es ingeniero agrónomo y economista ambiental. Fundador y CEO de Rana. Padre homeschooler, empresario, docente y político liberal clásico.